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Tecnologías, organización, transformación social

31 diciembre 2014 | Por

Tecnologías, organización, transformación social

Víctor Manuel Marí Sáez | La omnipresencia de las tecnologías de la información (TIC) en la vida personal y social es una invitación permanente a pensar sobre el papel que desempeñan. Su protagonismo es cuantitativo y cualitativo.  Cada vez pasamos más horas frente a las múltiples pantallas (ordenador, móvil, televisión, «tablet»…) y, progresivamente, su peso es más importante, desde un punto de vista estratégico. Por ello es recomendable recordar algunos elementos fundamentales para la reflexión.

Tecnologías

Partiendo de un sencillo análisis etimológico de la palabra tecnología, llegamos a una primera constatación que, aunque obvia, es fundamental: se trata de unos dispositivos técnicos («techné», en griego, un término que deriva posteriormente en lo que se conoce como técnica) que llevan incorporados unos modos de funcionar (logos). En este sentido, las tecnologías no son ni inocentes ni neutrales, ya que están pensadas para hacer determinadas cosas y, al tiempo, tienen dificultades para impulsar otras tantas acciones. Jacques Ellul, uno de los más importantes filósofos de la tecnología del pasado siglo XX, indicó que las tecnologías no pueden llorar. Su análisis iba dirigido a discernir aquello que las tecnologías pueden hacer mejor que el hombre (actividades de corte racional) y también a ver sus límites, como puede ser el resbaladizo terreno de los sentimientos y de las emociones, tan propio al ser humano y tan difícil de reducir al código binario (sí/no, abierto/cerrado, 0/1) en el que se basa el lenguaje informático.

La novedad de las TIC del siglo XXI reside en que son tecnologías extremadamente flexibles, tal y como apunta el sociólogo español Manuel Castells. Esto significa que el usuario de las TIC puede apropiarse de estas herramientas a partir de unas lógicas diferentes a aquellas desde las que fueron concebidas. Por ejemplo, podemos ver el caso de los mensajes de texto de móvil (sms), actualmente relegados a un segundo plano ante el auge de aplicaciones como Whatsapp. En un principio, estos sms fueron concebidos por los fabricantes de móviles como un canal para que se comunicasen los técnicos que diseñaban o arreglaban estos dispositivos. En un segundo paso estos sms se abrieron al uso de los propietarios de los móviles, para amortizar la inversión. En ningún momento los fabricantes imaginaron que los sms tendrían el éxito que tuvieron, debido a la buena acogida de que gozaron entre el público. En el plano social, movilizaciones como las del 13-M de 2004 (tras los atentados de Atocha y antes de las elecciones generales del 14-M) aprovecharon, entre otras, estas herramientas comunicativas para coordinar las movilizaciones sociales.

La lógica de la conectividad y de la transformación social

Actualmente asistimos a un momento en el que tecnologías como el móvil, las redes sociales virtuales (twitter, facebook) y la web participativa y social están incorporándose cada vez más a la vida de los movimientos sociales y de las organizaciones sociopolíticas. Pero podríamos preguntarnos, en primer lugar, sobre las lógicas desde las que las organizaciones se apropian de estos dispositivos. O dicho de otra manera, ¿para qué se utilizan estas tecnologías? ¿Desde qué modos de ver el mundo son aprehendidas? ¿Se usan, preferentemente, para transmitir información? Si es así, se está desaprovechando el potencial de estas herramientas para funciones más sofisticadas y estratégicamente más interesantes.

Esta novedad de las TIC, no explorada en toda su profundidad, consiste en verlas como un potencial para dinamizar la organización y coordinación de la acción social colectiva. O dicho de otra manera, desde este modo de comprender las tecnologías de la información, se propone que la estructura organizativa es comunicación y, al tiempo, esta estructura tecnológica tiene la capacidad de «estructurar» la comunicación y la acción social. No cabe duda de que este enfoque supone un salto cualitativo respecto a las miradas restringidas analizadas anteriormente, que veían a las TIC con orejeras, solamente orientadas a la transmisión unidireccional de los mensajes pensados por los emisores.

La lógica conectiva de las TIC y su capacidad de estructurar y dinamizar la acción social transformadora las hemos visto en las movilizaciones de la primavera árabe, del movimiento de los indignados (España), en Ocupy Wall Street (EE.UU.) y en las movilizaciones similares que han tenido lugar en los últimos tiempos en Brasil o México. Es a estas prácticas a las que hay que dirigir el análisis, con una mirada abierta, para descubrir las lógicas y dinámicas susceptibles de ser recreadas en nuestras organizaciones. Los nuevos tiempos demandan organizaciones que también sean flexibles (como las tecnologías) de modo que se puedan sumar a las acciones transformadoras ciudadanos que no pertenecen al núcleo más activista y organizado, pero a los que es bueno dar un espacio de participación en los procesos colectivos de cambio social.
faldon portada y sumario

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