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Antonio Algora: «La dimensión social de la fe se ha incorporado en el quehacer de la Iglesia»

06 noviembre 2014 | Por

Antonio Algora: «La dimensión social de la fe se ha incorporado en el quehacer de la Iglesia»

José Luis Palacios  | La aprobación por la Conferencia Episcopal Española del documento «La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia» llega a su XX aniversario. El actual responsable del departamento de Pastoral Obrera, el obispo de Ciudad Real Don Antonio Algora, repasa los esfuerzos realizados y plantea nuevos retos de futuro.

–Cuando se aprobó por la Plenaria de la CEE «La Pastoral Obrera de toda la Iglesia», la propia Pastoral Obrera ya tenía una larga trayectoria en la Iglesia española, ¿qué supuso la aprobación de este documento pastoral?

–Recuerdo con mucho agradecimiento y admiración que a finales de los sesenta Don Gabino Díaz Merchán, miembro de la entonces Comisión de Pastoral Social, obispo de Guadix, antes de ser presidente de la Conferencia Episcopal, nos reunía a los consiliarios de los movimientos apostólicos de trabajadores con el fin de compartir nuestros respectivos puntos de vista en unos años nada fáciles para los trabajadores y en circunstancias bien complejas marcadas por la migración masiva hacia los llamados «polos de desarrollo» que nos hablan de la falta de viviendas y de equipamiento urbano en general, escasa o nula formación profesional para dar respuesta a las nuevas fábricas, sin libertad de sindicación y un largo etcétera de dificultades. Aquellos contactos se fueron institucionalizando en lo que pasó a ser consejo asesor de Pastoral Obrera, lugar de encuentro permanente de obispos, presidentes de movimientos apostólicos obreros, sacerdotes delegados de Pastoral Obrera y del Trabajo de las provincias eclesiásticas, religiosos en representación de las congregaciones que mantienen presencia en barriadas obreras; se fueron celebrando jornadas anuales y encuentros de Pastoral Obrera. Todo ello hizo posible que la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de noviembre de 1994 aprobara el documento de «La Pastoral Obrera de toda la Iglesia», como resultado de un proceso de reflexión entre los obispos y los agentes de pastoral –diríamos ahora– implicados en la Pastoral Obrera. El resultado fueron unas «Líneas de Acción» y unas «Propuestas Operativas» que, como dice el título del Documento, la Pastoral Obrera debería dejar de ser un quehacer pastoral de los «especialistas» para ser «de toda la Iglesia».

–¿Qué balance hace de estos 20 años?

–Toda semilla sembrada da frutos desiguales, es algo que nos dice el Señor muy claramente en la parábola del sembrador. A lo largo de estos 20 años de los que he sido testigo veo que se ha logrado incorporar al quehacer ordinario de la Iglesia en los obispos, sacerdotes y fieles la dimensión social de la fe, la caridad social y política que dicen los últimos papas. Una mayor sensibilidad apostólica, caritativa y social a toda la problemática de la exclusión y marginación –descarte– que engendra una sociedad en crisis antes, y agravada después por la crisis. Son normales los pronunciamientos de los obispos en los variados escritos pastorales en sus respectivas diócesis sobre estos temas. Gestos y manifiestos de los fieles provocados por la sangría de las víctimas laborales, ese gran movimiento de caridad cristiana que ha consolidado la acción de Cáritas. Todo nos habla de una preocupación creciente ante los millones de parados, ante los maltratados por la precariedad y despedidos a buscarse la vida en otros países, ante el paro de los jóvenes: una mitad ni trabaja ni lo puede encontrar por su baja cualificación laboral.

Lo negativo dentro de nuestra comunidad eclesial nos viene, y es el resultado de la cultura ambiente que trasmite que ya no hay que utilizar la palabra obrero porque han mejorado las condiciones técnicas, ha disminuido el aspecto penoso y duro de los trabajos. Los recortes económicos, educativos, sanitarios, en los derechos laborales son, se dice, consecuencia de la crisis y hay que resignarse ante lo que está ocurriendo esperando momentos mejores… Se llega a pensar que el trabajo humano es el empleo posible y que toma su importancia y su dignidad más de la cantidad del salario que de la persona que lo realiza.

–¿Cómo caracterizaría la situación actual de la Pastoral Obrera en España?

–La Pastoral de la Iglesia en general está marcada por la fuerte secularización de Occidente. Nos recordaba el papa Francisco que no basta hacer el bien y mostrar la caridad, sino que hay que dar razones de por qué somos y actuamos así. Anunciar a Jesucristo como Él era, que pasó haciendo el bien con obras y palabras, llevándonos al Amor de Dios Padre. La Pastoral Obrera en particular, entendiendo por esta, la que realizan los miembros de la Iglesia desde los movimientos apostólicos y parroquias y comunidades partícipes de las dificultades del Mundo del Trabajo, hemos avanzado en saber dar razones de lo que está pasando y, apoyados en el conocimiento y la experiencia a la que nos lleva la Doctrina Social de la Iglesia y en general la Moral Social, ofrecer a todos el testimonio de unas vidas que no entran sin más en la rueda de la producción y el consumo. Nos tenemos que proponer vivir con menos necesidades innecesarias haciendo posible así la salida del individualismo que fragmenta la sociedad y nos aísla. Se hace posible así la solidaridad y el tener ojos, mirada de Dios, para con los otros que llamamos hermanos, muy especial y primariamente para con los «injusticiados» –el término es de José Luis Segovia–. El deseo y el trabajo apostólico por extender este estilo cristiano de vida a nuestras parroquias y número de personas que se incorporen a los equipos y movimientos apostólicos que animan y aseguran en la vida de la Iglesia ese mismo conocimiento y vivencia de la Doctrina Social de la Iglesia, su potencial de análisis de la realidad, y buscando siempre salidas, propuestas de acción.

–En estos 20 años se han producido cambios importantes en el mundo obrero y del trabajo, ¿qué le parece que es lo fundamental de estos cambios?, ¿qué significan para la Pastoral Obrera?

–Significan una llamada del Espíritu Santo a conocer primero lo que está pasando y ver de dar respuestas desde el compromiso personal y comunitario. ¿Qué está pasando? La imposición de un modelo de trabajo en el que no cuenta la persona, su familia, su nación, su cultura. El Santo Padre, el papa Francisco tiene una claridad, a la que hay que prestar más atención, para describir las quiebras del sistema económico que el capital está imponiendo, al que no le importa descartar del juego laboral a los que no les sirven para la utilidad y la rentabilidad de los capitales y sus manejos.

Hablamos de un cambio de modelo antropológico que lleva consigo esta exageración de cosas. Si el trabajo humano es la clave, quizá la clave esencial de la sociedad en que vivimos –dicen los papas–, hay que ofrecer otro modelo de persona que pueda salir de ese manejo de las marcas de ropa, del artilugio electrónico último modelo ante el que hay que sacrificarlo todo: familia, juventud, salud…, para obtener los beneficios de un sueldo mayor, y eso solo lo podemos lograr poniendo a Dios en el centro de nuestras vidas, que nos reúne en la Iglesia y, que nos abre el corazón a las personas en general, en el marco de una sociedad que queremos distinta.

–¿Qué considera que debería caracterizar a la Pastoral Obrera hoy y de cara al futuro?

–Seguir por el camino de la Comunión en el seno de la Iglesia: obispos, sacerdotes religiosos y seglares unidos en la Misión a la que nos envía el Señor. Seguir profundizando en el estudio de esa «matriz cultural» que nos fragmenta y divide encerrando a la persona del trabajador (dos de cada tres en el mundo) en un sistema que nos devora y empobrece. Desenmascarar los falsos beneficios de los placeres que impiden la felicidad y la realización que nos ofrece un mundo sin Dios ni horizonte de Humanidad entera. Necesitamos entrar en la trasmisión de la fe, y desde la catequesis saber del Catecismo entero que no olvida ninguna de sus partes y menos la Tercera: «La vida en Cristo», y que nos ofrece un horizonte de vida nueva, de la dignidad de la persona por encima de cualquier consideración. Seguir dando a conocer la Doctrina Social de la Iglesia. Pedirle al quehacer teológico que se ocupe de la realidad del Trabajo Humano y nos aporte la riqueza del pensamiento cristiano en la larga experiencia de la Iglesia en sus hombres y mujeres del trabajo. Santos padres en la antigüedad, santos fundadores de congregaciones y movimientos apostólicos, papas, apóstoles sociales de nuestro tiempo, grandes testigos de la fe que han hablado con hechos y palabras y que necesitamos dar a conocer para así amar lo que ellos amaron.

Que sea «toda la Iglesia» la que ofrezca un estilo de vida propio que no desdiga con olvidos y gestos la belleza de la Vida en Jesucristo, consecuencia más de «lo que se lleva ahora» que de la escucha de la Palabra de Dios y del convivir anclados en Jesucristo pobre y humilde.

Publicado en el nº 1565 de NNOO, mes de noviembre de 2014

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