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Instituto Social del Trabajo del Arzobispado de Valencia

03 febrero 2011 | Por

Instituto Social del Trabajo del Arzobispado de Valencia

Dos de los proyectos orientados a los inmigrantes que lleva a cabo el Instituto Social del Trabajo-ISO de Valencia llevan, con toda la intención del mundo, los nombres de Dorothy Day y Peter Maurin, fundadores del Movimiento del Trabajador Católico de EE.UU.

El Instituto Social Obrero (ISO) fue creado en 1948 a iniciativa del arzobispo salesiano Marcelino Olaechea para mejorar la formación de los trabajadores, siguiendo la estela del Cardenal Herrera Oria en Madrid que había hecho lo propio en Madrid durante la Segunda República. En un principio su formación partió del desarrollo del Instituto Social del Arzobispado, junto con el Instituto Social Empresarial ISE, hoy desaparecido.

En sus inicios acometió un plan de formación social y profesional. En los 10 primeros años de su historia, cientos de obreros, cursaron estudios profesionales y de diplomatura sociolaboral. En la década de los sesenta, se dio entrada en su gestión a los propios trabajadores y se abrió su actividad al campo político y sindical, además de poner en marcha una asesoría laboral y abrir delegaciones en distintos centros industriales de la provincia (Puerto de Sagunto, Onteniente, Játiva, Cocentaina, Alzira, etc.).

En los años 80, se convirtió en un lugar de encuentro y debate de trabajadores, pero también tomó partido en la creación de la Comisión Diocesana de Lucha Contra el Paro, en su funcionamiento y desarrollo posterior. En 1999, siendo obispo de Valencia Agustín García Casco, el ISO pasó a denominarse Instituto Social «del Trabajo», aunque se mantuvo su denominación a través de siglas con el acrónimo antiguo. Así quedó reflejado en sus nuevos estatutos que le confirieron una personalidad jurídica propia como asociación pública de fieles vinculada a la iglesia valenciana.

Aunque el ISO ha tenido que enfrentarse al cuestionamiento de la idoneidad de su existencia en la actualidad por quienes dan por muerto al movimiento obrero y superado el conflicto social, la iniciativa sigue hoy en pie, dirigida por Juan Biosca, antiguo trabajador siderúrgico y ex militante de la HOAC, quien lleva al frente desde 1992, después de años previos de implicación.

En estos momentos, son 72 los socios que con sus aportaciones dinerarias y su tiempo sostienen esta iniciativa que, en palabras de Viosca, procura «atender el problema más sentido que haya en cada momento en el mundo obrero» y que vienen identificando últimamente como la discriminación y el maltrato al inmigrante. En su sede de Valencia hay reservados espacios para acoger asociaciones de inmigrantes. Ahora mismo pasan con frecuencia por allí personas de Colombia, Uruguay, Chile, Venezuela, pero también de Azerbaiyán y África…

La mayoría de los «socios» del ISO son mujeres, trabajadoras de la enseñanza, aunque también se cuenten religiosos y universitarios. Son gente que ha conocido el ISO de boca de otros voluntarios, de la charlas sobre la Doctrina Social de la Iglesia impartidas en las parroquias o que pertenecen al Movimiento Scout, quien impulsa a sus miembros a adoptar un compromiso fuera de su propia organización.

El ISO, con un presupuesto que no supera los 20.000 euros al año, sigue organizando charlas, cursillos, procurando estar cerca de los trabajadores más empobrecidos…, pero también, y gracias a los convenios suscritos con la Consellería de Inmigración y Ciudadanía de la Generalitat Valenciana que financian en un 70% sus necesidades económicas, cuenta con dos casas de acogida para inmigrantes, llamadas Dorothy Day, para mujeres, y Peter Maurin, para hombres. Para su gestión hay contratados tres trabajadoras, las directoras de ambos centros y una educadora social que distribuye su jornada entre las dos casas. Los voluntarios que acompañan a los inmigrantes no pasan de 30.

«Quisimos darle el nombre de Dorothy Day y Peter Maurin a las casas por ser dos personalidades muy significativas del movimiento obrero católico, a la vez que muy desconocidas en Europa», dice Vioscas quien, por su parte, mantiene su apuesta por seguir «rezando y trabajando» para cambiar las realidades más sangrantes del mundo obrero.

Movimiento del Trabajador Católico de Estados Unidos

Dorothy Day

Dorothy Day, la «radical piadosa», declarada en 1996 Sierva de Dios, dista mucho de ser una beata al uso. Bohemia y afiliada al Partido Socialista de América en sus años de juventud, llegó a abortar por miedo a ser abandonada por su pareja, aunque finalmente logró ser madre años después. Eso sí, un día antes de bautizar a su hija se separó de su marido, un ateo convencido. Conoció a Peter Maurin, un modesto trabajador que había abrazado el celibato y el espíritu franciscano de pobreza, y tenía el ideal de un orden social impregnado con los valores básicos del Evangelio en 1932 y de aquel providencial encuentro nació el Movimiento Trabajador Católico que hoy día sigue en activo.

En Mayo de 1933 comenzó a editarse «The Catholic Worker», y en diciembre alcanzaba una tirada de 100.000 ejemplares. El periódico defendía las encíclicas sociales, el compromiso personal, el pacifismo más radical, además de dar cuenta de las penurias que pasaba la clase trabajadora americana. Aún siendo la difusión de ideas tan revolucionarias como el «distributismo» como alternativa al egoísmo capitalista y la «estatalización» comunista una gran aportación de esta organización, los militantes animados por Day y Maurin no se quedaron ahí sino que pronto comenzaron a poner en marcha acciones de solidaridad hacia los más empobrecidos. En 1936 había 33 casas, la mayoría situadas en el campo y volcadas con la autoproducción para consumo interno, dispersas por el país.

En la actualidad, el movimiento del Trabajador Católico, que no tiene organización nacional ni sede central, cuenta con más de cien casas abiertas para ofrecer hospitalidad a los más necesitados, fundamentalmente «sintecho» e inmigrantes sin papeles, atendidos por voluntarios.

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