Para los que no eran «los suyos», su papel fue maltratarle y atormentarle hasta la muerte. Y no por un fatalismo o un determinismo absurdos, sino porque la doctrina y las obras de Jesús chocaban (y chocan) con los que son «del mundo» y estos se defienden de la única manera que saben y pueden: maltratando y matando a los enviados del dueño de la Viña (Guillermo Rovirosa OC. T1 pág. 505).
27º DOmingo TO_compressed
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