¡Y cuán diferente es la verdad a la luz de la fe! Personalmente (cualquiera que sea mi condición) nada merezco ni nada valgo. Es natural que se me desprecie y se me tenga en nada, pues soy un pecador; no puedo quejarme. mi ley cristiana es la humildad personal, y la violación de la ley será cualquier forma de orgullo personal. Pero el don inmenso que me ha hecho Dios al hacerme cristiano ya no puedo llevarlo humilladamente (como he de llevar mi naturaleza pecadora), sino con orgullo santo… (Guillermo Rovirosa, OC TIV, pág. 264)
20 Domingo TO_compressed
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