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In memoriam | Luciano Calatrava

06 julio 2020 | Por

In memoriam | Luciano Calatrava

HOAC de Almería.

Nos ha dejado un compañero de camino. Iniciábamos el mes de julio y con los calores y los viajes, le llegó también a Luciano el momento del gran viaje, del encuentro con el Dios vivo que marcó y dirigió su vida haciendo de su ministerio un servicio a Dios expresado en la entrega a los hermanos.

Nació hace 84 años en el pueblo con el mayor desierto de Europa, Tabernas (Almería). A muy temprana edad, y motivada por la sequía que asolaba estas tierras y que afectaba de manera especial a quienes dependían del campo para vivir, toda la familia emigró a Jauja (Córdoba) de donde era su madre.  Es en tierras cordobesas donde Luciano, siendo niño, comienza a plantearse su vocación e ingresa en el seminario de Córdoba. Al año siguiente de este acontecimiento la familia regresa a su pueblo natal y Luciano ingresará en el seminario de Almería en el que permanecerá hasta el año 1961, siendo ordenado sacerdote el 11 de junio de dicho año.

Fue en el seminario donde conoció los distintos movimientos de Acción Católica, movimientos que configurarían su ser sacerdote, su espiritualidad, su vida. Guiado por la metodología del ver-juzgar-actuar, junto con su esfuerzo por conocer, renovarse y descubrir los nuevos caminos que brotaban del Concilio Vaticano II, finalizado en sus primeros años de sacerdocio, marcarán el ser y quehacer de Luciano en sus 59 años de ministerio.

Hemos conocido a Luciano, sacerdote inquieto en la lucha y búsqueda de la justicia, siempre al lado del débil y necesitado; elevando la voz en los foros eclesiales reclamando una iglesia que diera respuesta, desde el evangelio, a las cuestiones que preocupaban y siguen preocupando a las personas tanto si eran como si no eran creyentes. Celebre y siempre recordado será su acompañamiento y saber estar en la lucha de los parraleros del río Andarax a finales de los años 70 cuando el sector empezaba a decaer.

Muchas han sido las acciones que emprendió y acompañó Luciano en el campo de lo social no por ser un líder sindical, que lo podría haber sido, sino por haber descubierto en su encuentro con Cristo, que a éste se le sirve en los necesitados y que el mayor culto que se le puede ofrecer a Dios es trabajar para que quienes son su imagen, todas las personas, tengan vida digna.

Vivió con especial preocupación hasta sus últimos días el acoso y derribo al JUNIOR; siempre que tenía oportunidad expresaba su malestar por el proceder llevado a cabo por la Conferencia Episcopal, que él focalizaba en el cardenal Rouco Varela, “contrario a los acuerdos tomados en asambleas con los militantes donde había obispos presentes”, solía decir acalorado.

Su militancia en la HOAC y su tarea de consiliario fue ejemplar: constancia, seriedad, coherencia y sus quejas constantes entre risas: “Somos pocos y muy mayores, hay muchos papeles y esto no lo entiende el obrero de a pie”. Hasta que pudo, y el cuerpo y mente se lo permitieron, no falto a la cita de los cursos de formación en verano en Salamanca o Ávila, ni a las Asambleas cada cuatro años.

Lo echaremos de menos, con la certeza que nos ha precedido en este camino hacia la plenitud mientras esperamos volver a abrazarnos en el Padre.

Hasta mañana en el altar.

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