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Entrevistas a los miembros salientes de la Comisión Permanente de la HOAC

27 junio 2019 | Por

Entrevistas a los miembros salientes de la Comisión Permanente de la HOAC

Fernando, Carmen y Milagros han culminado el tiempo de dedicación a la Comisión Permanente de la HOAC para el que fueron elegidos. Ha llegado el momento de valorar su trayectoria, sus vivencias y de compartir algunas de las experiencias vividas. Es lo que tratamos de reflejar con estas tres entrevistas. 

 

Fernando Díaz Abajo, consiliario: “Debemos concretar cómo buscar justicia juntos”

¿Cómo valora su paso por la Comisión Permanente de la HOAC?

Visto lo visto, quizás es pronto para valorar. Estos primeros cuatro años han sido una experiencia impagable, por lo vivido y aprendido en el trabajo cotidiano con los miembros de la Comisión Permanente, en dos etapas distintas. Sobre todo, por las hermanas y hermanos, por esta familia que gratuitamente me habéis regalado estos años.

Y también por la riqueza que supone el conocer y compartir la vida de la militancia en las distintas diócesis, de primera mano, cuando las visitamos; por poder experimentar la acogida, la comunión… Por poder ser testigo de muchas vidas entregadas, de tanto compromiso; por experimentar la vida de la Iglesia más allá de la propia diócesis… porque, de vez en cuando, parece que uno ayuda a realizar ese camino común, y, desde luego, en todo eso, por seguir experimentando día a día que conviene fiarse de Dios, que sale a cuenta fiarse de Dios. En definitiva esta experiencia es un regalo como solo Dios sabe hacerlos. Aquí vino un consiliario, y ahora hay otro distinto.

¿Cómo ha evolucionado la relación con los obispos de la Conferencia Episcopal, y en especial con los responsables de Apostolado Seglar y de Pastoral Obrera?

Indudablemente no estamos donde estábamos hace cuatro años. Eso seguro. Creo que los obispos nos han perdido el miedo y han deshecho prejuicios –algunos antiguos, y casi todos infundados- respecto a la HOAC, en particular, y a los Movimientos especializados de Acción Católica, en general. El acompañamiento que, en estos años, ha realizado Carlos Escribano como Obispo Consiliario, desde la escucha y la cercanía; el que realiza en estos momentos Antonio Gómez, actual Obispo Consiliario o la relación con Javier Salinas, presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS), por citar los más cercanos a nuestro quehacer, son muy de agradecer. Por descontado, queda la relación con Antonio Algora desde su responsabilidad en Pastoral Obrera, pero Antonio es de casa, es de la familia. El cariño que nos tiene –y nosotros a él- es especial. Es de agradecer también la cercanía de muchos otros obispos. Quizá por significativa la de Ricardo Blázquez, que ya se manifestó con su presencia en la XIII Asamblea, y en la Asamblea del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) en 2017.

Hoy podemos hablar de la HOAC, de la Pastoral Obrera, de la misión evangelizadora de nuestro quehacer apostólico, de la evangelización en el mundo obrero, del laicado, de muchas cuestiones, con casi todos los obispos. Es verdad que seguimos encontrando alguno que, si visitamos la diócesis no nos recibe, o que sigue anclado en estereotipos pasados sobre la HOAC, pero son un número no significativo. En general hoy podemos decir que hay cauces de encuentro y diálogo con nuestros obispos y mayor sintonía y escucha mutua en muchos temas. La Iniciativa Iglesia por el trabajo decente (ITD) ha sido un elemento esencial en esta posibilidad, porque ha permitido mostrar nuestra aportación a la misión de la Iglesia.

El proceso de reflexión sobre nuestro ser Acción Católica ha sido muy valorado por los obispos de la CEAS que han participado en el proceso. Esto no significa que esté todo hecho. Queda mucho por hacer aún. Hay que seguir trasladando al conjunto de la Conferencia Episcopal la significativa ministerialidad eclesial que supone la Acción Católica Especializada, y la importancia y necesidad de su implicación pastoral en este caminar. La situación vivida con relación a las candidaturas de consiliarios generales, no solo en la HOAC, pone de manifiesto cuánto queda por seguir dialogando.

El fruto de todo el proceso, creo que, especialmente, se traduce en la recuperación de esos cauces normalizados de diálogo y encuentro entre el episcopado y los movimientos especializados que posibilitan ir haciendo camino y misión  compartidos. Podemos decir que el fruto del proceso es más faena para todos.

Y respecto a la Pastoral Obrera queda abierta su configuración en la renovación de la estructura de la Conferencia Episcopal que tendrá lugar, posiblemente, en noviembre próximo. A partir de ahí, ya veremos. Aunque nos movemos en unos tiempos “interesantes” que casi es lo mismo que decir complejos. La importancia que el papa Francisco dedica al trabajo en su magisterio no tiene un reflejo adecuado en la estructura pastoral de la Iglesia. Sigue siendo un reto hacer una pastoral obrera de toda la Iglesia.

¿Qué dificultades todavía existen para mejorar la relación entre la Iglesia y el las organizaciones de trabajadores?

También en este ámbito se van dando pasos significativos. Algunos más de los que son públicos y conocidos, pero yo me quedaría con la foto que propició la celebración de la Asamblea del MMTC en Ávila, en julio de 2017, y el encuentro que se produjo allí entre distintos obispos y representantes sindicales. Esa foto se actualizó a raíz del Encuentro Internacional de organizaciones sindicales que organizó ese mismo año el Vaticano, y hay un trabajo continuado que va propiciando encuentros, deseados por obispos y por las organizaciones sindicales, para descubrir que hay quehaceres en los que podemos encontrarnos al servicio del mundo obrero, especialmente al servicio de quienes viven la precariedad y la exclusión.

Los sindicatos, en general, valoran muy positivamente la iniciativa ITD y posicionamientos concretos de la Iglesia en el mundo del trabajo, y siguen viendo como necesaria la aportación que la Iglesia hace, al igual que es valorada también por la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en España.

Y queda trabajo, claro. Ese buscar justicia juntos que el papa Francisco formuló como proyecto de trabajo en el encuentro del Vaticano, puede y tiene que concretarse más en nuestra Iglesia y en las organizaciones sindicales en caminos que estamos llamados a transitar juntos.

Creo que hoy no hay especiales dificultades para ello, pero sí pasos que ir dando. Se es más consciente de la necesidad de ese encuentro, de las sinergias que pueden producirse y de lo que mutuamente se puede aportar en la construcción de esa humanidad. La HOAC seguimos tendiendo puentes en este campo. Siempre lo hemos hecho, y los seguimos haciendo.

¿Qué expectativas deposita en el proceso congresual de laicos que culminará en 2020?

Las justas y necesarias. Ni más ni menos. No pongo la esperanza en los eventos puntuales. Ya va uno teniendo edad y experiencia en estas cosas. Pero indudablemente es una ocasión que debería servir para crecer en la conciencia de que somos una Iglesia laical, de que no podemos mantener estructuras clericales como modo de funcionamiento, y que hemos de crecer en la sinodalidad como modo de ser Iglesia, propiciando cauces de participación y corresponsabilidad efectiva del laicado en la Iglesia. Hay fórmulas, instancias, estructuras, que ya lo permiten, incluso lo exigen, que solo requiere que se crea en ellas y se activen. Falta quizá la conciencia que da la conversión pastoral. El congreso debería servir para ahondar en esta conciencia. Y, ello, requiere de fondo una actitud de confianza en el laicado que, a su vez, pide apostar por la formación del laicado, y creerse eso de que el Espíritu Santo guía a la Iglesia, incluso cuando apostando por esto nos equivocáramos y hubiera que volver a ensayar otros caminos. Solo eso nos permitirá ir acertando.

Creo que actualizar las intuiciones de Los Cristianos Laicos, Iglesia en el mundo (CLIM) –alguna de las cuales está aún por estrenar- es necesario, pero eso es algo que habremos de hacer en relación con el contenido de la evangelización que hoy tenemos que realizar. Es importante que en los niveles diocesanos de preparación del congreso se puedan plantear estas cuestiones y dialogarlas.

Con respecto a su responsabilidad concreta, ¿de qué se siente más satisfecho? ¿Qué le hubiera gustado abordar mejor?

Hay muchas cosas que, desde la Comisión Permanente, cuando se viven en primera persona se experimentan como un gran logro, como un signo de la presencia de Dios en este camino, aunque sean cosas chiquitas. Creo, por decir alguna, que la reunión general de consiliaría y animación de la fe nos ayudó a situar convenientemente la responsabilidad y la función de la Consiliaría y la de Animación de la Fe, a descubrir la necesidad de animar esa experiencia de fe en nuestra vida militante, a valorarlas de manera renovada en la HOAC y a abrir cauces para su ejercicio. Creo que en esto, que puede parecer algo poco significativo, hemos avanzado mucho, hacia una comprensión más eclesial de la animación de la fe.

Y abordar mejor… todo. A mí me queda mucho por aprender, hay cosas que aún no sé, en las que me sigo equivocando. Soy un insatisfecho, siempre creo que se pueden hacer mejor las cosas, siempre creo que se puede avanzar más, que no he hecho lo suficiente… en fin… Creo que tenemos que seguir haciendo más y mejor teología del trabajo; quiero decir que desde la experiencia de la vida obrera hemos de ser capaces de hacer nuestra reflexión sobre Dios para ofrecer al conjunto de la Iglesia claves de vida y misión que solo surgen de los talleres, de las fábricas… del acompañamiento cotidiano de la vida de las personas… del dar a luz experiencias alternativas a este mundo que, por evangélicas, sean contraculturales. Aunque en ello nos vaya la vida; que es en esto en lo que nos debe ir.

Me parece que, teniendo un importante patrimonio de espiritualidad en la HOAC, todavía queda camino para que, de verdad, la espiritualidad sea el sustento real de nuestra vida y nuestro compromiso en la vida de cada militante. Afrontar la preparación de la XIV Asamblea General de la HOAC nos dará posibilidad de hacer lo que aún esté pendiente y de mejorar las cosas. Aquí no se acaba nunca; dicen que solo, después de la muerte. Queda mucho por hacer para seguir viviendo la experiencia del amor de Dios como fuente de nuestra espiritualidad militante, por descubrir cómo vivir la fe de modo militante en las distintas situaciones vitales por las que pasamos, por ver cómo los “equipos de dolor” que vamos teniendo en la HOAC son necesarios para nuestra misión y vinculamos su situación a nuestro quehacer, por descubrir modos de vivir, con intensidad vital, la triple comunión con los empobrecidos del mundo obrero, y quedan caminos por recorrer en nuestro ser Acción Católica para la Pastoral Obrera que la Iglesia necesita y que nosotros estamos llamados a ofrecer.

 

 

Carmen Perea, responsable de Organización y Vida comunitaria: “En la gestión y organización palpita la vida de comunión”

¿Cómo ha vivido este tiempo de servicio a la HOAC?

Como un tiempo de gracia que me ha transformado profundamente. Una experiencia privilegiada, que me dado la oportunidad de compartir compromisos, reflexiones, inquietudes, celebraciones, y tantas cosas más, con militantes, simpatizantes y personas de otros movimientos y organizaciones; de acompañar la vida de las diócesis, experimentando la maravilla de ser tan diversos y tan iguales a la vez, unidos por lo esencial; de admirarme ante su creatividad y derroche de alegría y esperanza que expresan los gestos y actos diocesanos; de darme cuenta de que ante todo lo que buscamos es ser fieles a nuestra misión…

He vivido intensamente todo lo que implica el servicio en la Comisión Permanente, con sus alegrías e ilusiones y sus momentos más dificultosos, intentando ser instrumento en manos de Dios, Padre y Madre.

Aunque en estos años he aprendido mucho, son sobre todo mis hermanos y hermanas de las dos Comisiones Permanentes de las que he formado parte los maestros que en el día a día, cada uno con su estilo, me han ido enseñando la labor que teníamos encomendada y me han mostrado que es una tarea común, en la que todos nos implicamos y apoyamos. Ha sido una profunda experiencia de comunión.

Empecé este servicio queriendo mucho a la HOAC, y lo finalizo queriéndola mucho más, porque la conozco y la comprendo de una manera muy diferente a como lo hacía antes. Me llevo mucho amor y un profundo agradecimiento.

Desde la posición que ha ocupado, al frente de los presupuestos, ¿en qué medida ha crecido la comunión de vida, bienes y acción entre los integrantes de la HOAC?

Es un camino que vamos recorriendo desde la convicción profunda de que la única manera de seguir a Jesús es creciendo en pobreza evangélica y en comunión de vida, bienes y acción con el mundo obrero empobrecido y con la Iglesia.

En nuestra XIII Asamblea General nos planteamos que todo lo que hacemos va encaminado a que vivamos la comunión, a seguir cambiando nuestra vida desde Jesucristo para pasar del individualismo que nos destruye a la comunión que nos humaniza. En estos cuatro años, desde Organización y Vida Comunitaria hemos intentado ayudar a profundizar y a ir desarrollando medios concretos que nos ayuden a vivir desde la lógica del don y la gratuidad y a avanzar en prácticas de comunión, a poner en marcha el Fondo de Solidaridad Diocesano, replantearnos el uso y destino de nuestros bienes, a revisar la aportación que hacemos desde nuestras circunstancias vitales a la vida comunitaria y a los presupuestos… Son procesos que duran toda la vida, que ya venían de antes y que continuarán después. Cada persona y cada diócesis va haciendo su camino, con sus logros y sus dificultades, pero mientras sigamos intentando avanzar en comunidad, dejándonos guiar por el Espíritu, vamos en la dirección correcta.

Destaco especialmente que hemos crecido en el cuidado mutuo, que se refleja, entre otras cosas, en la preocupación por aportar al presupuesto general puntualmente para que dispongamos de los medios necesarios en cada momento. A la Comisión Permanente nos llegan continuamente el cariño, la preocupación y los cuidados de las diócesis.

¿Cómo ha sido la comunicación y disposición que ha encontrado en las diócesis a la hora de aceptar las novedades en la gestión?

En estos últimos cuatro años se han producido cambios legales importantes en la gestión que han afectado a la forma en la que hasta ese momento hacíamos las cosas: el Impuesto de Sociedades, la rendición de cuentas, las novedades en la desgravación del IRPF, los cambios de normativa en protección de datos…Ello ha supuesto, y sigue suponiendo, un gran reto para la HOAC, ya que ahora es imprescindible la colaboración de todas y cada una de las diócesis para tareas y obligaciones de la HOAC en las que antes no lo era.

En estos años hemos avanzado gracias al esfuerzo común, y me siento inmensamente agradecida por toda la colaboración y el apoyo recibido, y especialmente por la paciencia y comprensión de los y las responsables de organización y vida comunitaria, que son los que más han sufrido estos cambios, a veces muy complejos a pesar de que  hemos intentado que todo fuera lo más sencillo posible. Es un tema en el que seguir creciendo en los próximos años.

Como responsable de Organización y Vida Comunitaria, uno de mis grandes desafíos ha sido intentar que las tareas más organizativas no se comieran la parte fundamental de la responsabilidad, el aliento a la vida comunitaria, y el transmitir a las personas responsables de las diócesis que las tareas organizativas se pueden mirar desde otra perspectiva para percibir toda la vida de comunión que palpita en ellas. Espero haber ayudado a que haya sido así.

¿Cómo ve hoy a la HOAC? ¿Qué fortalezas ha podido descubrir y cuáles las debilidades a atender?

Veo una HOAC empeñada en ser fiel a la misión que nos ha encomendado la Iglesia, que se esfuerza por descifrar los signos de los tiempos para encarnarse en el mundo obrero y mostrarle la propuesta de liberación que nos ofrece Jesús.

Somos una HOAC en marcha, comprometida con los acuerdos que tomamos en nuestra última Asamblea General para crecer en comunión con el mundo obrero empobrecido, que se traducen en una manera de situarnos y actuar en la sociedad desde las cuatro claves centrales en nuestra tarea evangelizadora: acompañar la vida de las personas, colaborar al cambio de mentalidad y a la transformación de las instituciones para que estén al servicio de las personas, y promover y dar visibilidad a experiencias alternativas en la forma de ser y trabajar.

Creo que nuestra principal fortaleza viene de nuestra fe, de la vida entregada y comprometida de los y las militantes fortalecida por el contraste permanente fe y vida que es nuestra formación, y del sentirnos parte de una comunidad (el equipo, la diócesis, la HOAC general, la Iglesia) que nos sostiene y acompaña.

En cuanto a los principales desafíos, ahora que iniciamos la preparación de la XIV Asamblea General, creo que uno de ellos es seguir adelante con todos los procesos que hemos impulsado desde la última asamblea general a la vez que revisamos y nos planteamos el próximo sexenio. Otro gran reto es continuar renovando la espiritualidad y la vida comunitaria como antídoto al individualismo destructor de humanidad que cada vez nos acecha más. Como me decía una militante hace muy poco: la grandeza de vivir la HOAC como una gran familia es que sientes la fuerza y la ternura de Dios a través de la comunidad.

 

 

Milagros Villamarín, responsable de Compromiso y Relaciones Internacionales: “Vamos pasando de un yo a un nosotros en Cristo”

¿Cómo valora su paso por la Comisión Permanente de la HOAC?

Como una experiencia inolvidable. Muy, muy intensa. Desde el primer día hasta el último, ha sido un continuo reto personal. El sí que dije cuando me propusieron formar parte de la candidatura hace cuatro años lo he repetido cada día, cada vez que me encontraba en situación de debilidad e impotencia para realizar el sinfín de quehaceres de cada día, de todo tipo, desde escribir papeles hasta hablar en público en nombre de toda la HOAC, ¡Dios! ¡Qué responsabilidad! Cuando te sientes así, no te queda otra que ponerte en manos de la comunidad y de Dios en medio de ella, entonces descubre y aprendes que todo es posible, y que afortunadamente las cosas no dependen solo de ti.

He descubierto a un Dios que no nos pide más de lo que podemos dar y que nos ha dado las herramientas necesarias para vivir su propuesta de liberación. Solo nos propone desarrollar al máximo nuestra humanidad, la de todas las personas que formamos este universo.

He descubierto una HOAC impresionante. Humilde, pequeña, con contradicciones, pero con mucha fuerza, constancia y permanencia, con un deseo de fidelidad absolutamente desmesurados, con un mensaje claro y alto que no renuncia a expresar en cualquier ámbito que sea necesario, Iglesia, sociedad, instituciones… Capaz de unirse con todos aquellos que desean que el mundo del trabajo viva con la dignidad que les corresponde por ser personas, personas sagradas. Una HOAC que es capaz de visibilizar el mensaje de liberación de Jesucristo en cada diócesis, a nivel general e internacional. Finalmente, he descubierto que al ponerme en manos de Dios y de la comunidad, se superan miedos e inseguridades para seguir diciéndole sí a Él.

Teniendo en cuenta su implicación en la coordinación de la Iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), ¿en qué momento considera que se encuentra y qué pasos le gustaría ver en el futuro?

Aunque la iniciativa lleva ya cinco años, podríamos decir que la tarea está en sus inicios. La Iglesia en España a través, de las entidades promotoras de ITD (Cáritas, CONFER, JEC, JOC, Justicia y Paz y HOAC), recoge el guante lanzado por el Vaticano. Ponernos de acuerdo ha sido más fácil de lo que pensábamos y la grandeza de todo esto es que en las diócesis además de estas entidades son otras diferentes las que se van sumando.

El gran reto que tenemos es que toda la Iglesia, que el último cristiano, la última cristiana de la última parroquia, del último pueblo de nuestro país, el último miembro de todas las entidades eclesiales y religiosas de nuestro país, comprenda que sin el trabajo no somos capaces de ser auténticos hijos e hijas de Dios porque faltaría una parte fundamental que nos constituye como personas

Lo que comenzó como un compromiso para secundar la convocatoria de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, de 7 de octubre ha permitido crecer en común-unión; desarrollando nuevas convocatorias, como la del Primero de Mayo. En ambos días claves se genera un dinamismo evangelizador muy relevante. Con un mayor compromiso de entidades, grupos y parroquias. Con mayor capacidad de incidencia en los medios de comunicación y en las redes sociales.

El futuro de ITD tiene mucho recorrido, la exigencia de trabajo decente y respeto para la persona sigue siendo una preocupación de primer orden, también debemos seguir explorando nuevos caminos que generen puentes con la Conferencia Episcopal, con los sindicatos, con la Organización Internacional del Trabajo (OIT)… Hay una dimensión internacional en el quehacer de ITD que está por desarrollar y que será inevitable ya que esta exigencia de trabajo decente lo es en todo el planeta Además, la buena práctica que está suponiendo es un modelo que despierta interés en otros países.

Tenemos algunas herramientas importantes, nos las mostró Jesús de Nazaret que nos ayudarán en este camino: El mensaje de que es posible un mundo de justicia y fraternidad. Es responsabilidad de toda la Iglesia, de la comunidad, no de unos pocos. Tenemos que ser referentes. Tendremos que empezar a vivir, sin aún no lo hacemos, el trabajo como fundamental. También a nivel particular los cristianos que tenemos contratadas a personas en nuestras casas o en nuestros negocios o empresas.

¿Cómo calificaría el proceso de construcción del compromiso comunitario de los militantes en sus diócesis?

Está suponiendo un cambio de mentalidad importante, está implicando cambios en valores y actitudes y en la forma de actuar ante los problemas del mundo obrero. El sentido y valor del compromiso está pasando de un yo a un nosotros, de un nosotros a un nosotros en Cristo. Esto significa comprender que, para evangelizar, para expresar y exigir hoy que otro mundo es posible, es necesario el testimonio de la comunidad que ya camina viviendo de la forma que proponemos y que queremos hacerlo teniendo a Cristo en el centro de la comunidad. En el centro de nuestra comunidad debe estar nuestra hermana o hermano más empobrecido (precarizado, excluido) del mundo del trabajo, porque ese es el mismo Cristo. He tenido la posibilidad de descubrir a nuestros militantes con el deseo profundo de querer dar respuesta a esta forma de vivir, con una fuerte preocupación por ser fieles al mensaje de Jesús

¿Qué valoración hace de la marcha del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC)? ¿Y cuál es la salud del Fondo de Solidaridad Internacional (FSI) de la HOAC?

Colaborar en la organización de la Asamblea General del MMTC en Ávila significó un mayor conocimiento mutuo, también gracias a la implicación de muchos militantes de la HOAC de diversas diócesis. El MMTC está caminando hacia una única voz en cada país y en las instituciones internacionales, respectando la realidad e idiosincrasia de cada movimiento. Creo que esta organización es deseo de Dios porque es capaz de perdurar a pesar de la diversidad, en un tiempo de cambio de paradigma en el mundo del trabajo y su futuro.

Respecto al FSI tiene una salud bastante aceptable. El reto es crecer y de seguir contactando con los movimientos y organizaciones que en esos continentes realizan este trabajo y compartir con ellos nuestra vida. En nuestras diócesis, el reto es comunicar la vida que otros movimientos están viviendo en sus países y animar a hacer comunión de bienes a todo el que nos rodea.

Con respecto a su responsabilidad concreta, ¿con qué se queda?

Con todo. Creo que todas las tareas que desarrolla esta responsabilidad son complementarias. Son diferentes aspectos y todos ellos son los que configuran el compromiso de la HOAC y de sus militantes.

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