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Opinión | Trabajo precario, familia precaria

15 mayo 2019 | Por

Opinión | Trabajo precario, familia precaria

José Luis Molina García | Presidente de la HOAC de Córdoba.

Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia. Esto es así, desde que las Naciones Unidas lo instituyeran en 1993, por considerar que la familia “constituye la unidad básica de la sociedad”. Y eso, a pesar de que “el concepto de familia se ha transformado y evolucionado en las últimas décadas”.

Este casi olvidado día, como las mismas Naciones Unidas expresan “nos brinda la oportunidad de concienciar acerca de las cuestiones sociales, económicas y demográficas que les afectan”.

Ciertamente la familia ha evolucionado, pero en cualquiera de sus diversas formas y tipos, la familia: toda la familia y todas las familias, conforman el núcleo básico donde el ser humano se juega su supervivencia, su protección y educación básica, su integración social y su vivencia del amor y la comunión.

En los últimos tiempos, estamos viendo cómo las familias trabajadoras (la gran mayoría) y, especialmente, las más empobrecidas, son víctimas de una organización de la sociedad que no tiene al ser humano como prioridad. Esta realidad queda patente en todo aquello que hace referencia al empleo: el paro, el trabajo temporal, a tiempo parcial, o precario y en sus consecuencias: los desahucios, las bajas pensiones, etc.

Cuando se niegan a las familias derechos tan indispensables como un trabajo decente o una vivienda digna, se pone de manifiesto el fracaso de la política que, lejos de construir una sociedad al servicio del ser humano (su fin fundamental), la empobrece y deshumaniza.

En la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) estamos celebrando en estas fechas el final de nuestra campaña “Trabajo digno para una sociedad decente”, que pretende mostrar cómo desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, es posible construir otra política que haga posible que la persona sea lo primero, que la oriente; no desde los intereses de los poderosos, sino desde las necesidades de los más empobrecidos; no desde el interés personal y egoísta sino desde la comunión y la fraternidad, que debe presidir toda la construcción de la vida social: familia, empresa, finanzas, política, acción sindical…

Inmersos en los procesos electorales en los que estamos, esta realidad nos plantea un formidable reto para los cristianos y para todos aquellos que estamos preocupados por la dignidad y la libertad de la persona y por tanto de la familia. No sería malo tener en cuenta esta variable a la hora de elegir a nuestros representantes.

Tomemos conciencia de que cuando se desemplea a una persona se perjudica a una familia, cuando se precariza a un trabajador, se precariza a una familia. Buena parte de los auténticos problemas de la mayoría de las familias, tienen mucho que ver con el trabajo, las condiciones en las que se realiza o directamente con su ausencia.

¡Luchar por un trabajo digno, es la mejor manera de colaborar al progreso y prosperidad de la familia!

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