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Tema del Mes | Aportación de Laudato si’ a las organizaciones de trabajadores

24 abril 2018 | Por

Tema del Mes | Aportación de Laudato si’ a las organizaciones de trabajadores

Laudato si’ contiene reclamos y propuestas ineludibles que el mundo sindical, como comunidad y escuela de valores, no debería desatender. Scannone, exponente de la Teología del Pueblo y antiguo profesor de Bergoglio, ofrece su ponencia en el Encuentro Internacional de Organizaciones Sindicales en el Vaticano, claves para reforzar su protagonismo en la denuncia de las injusticias pero también en el ejercicio de la solidaridad.

Juan Carlos Scannone, SJ | Profesor de Filosofía y Teología en la Universidad USAL de San Miguel (Argentina)[1]

Populorum progressio (PP 1967), del beato Pablo VI, inauguró una serie de encíclicas sobre el desarrollo humano integral, es decir, orientado a «promover a todos los hombres y a todo el hombre» (PP 14). Y, aunque Laudato si’ (LS 2015) no forma parte de esos textos conmemorativos, con todo, bien puede considerarse una nueva relectura de esa misma temática desde una consideración actualizada de nuevos signos de los tiempos. Pues no se pueden separar la cuestión de nuestra casa común –la hermana madre tierra– de la del desarrollo social humano, sobre todo si además de integral, lo planteamos como sostenible.

La presente exposición desea recoger, para los trabajadores y sus movimientos, las nuevas aportaciones de esa encíclica referentes a dicha problemática. En primer lugar abordaré la crisis socioambiental. Esta pone en jaque el tipo de desarrollo no integral que de hecho hoy se está promoviendo globalmente; aludiré a sus síntomas, pero sobre todo, trataré de su raíz más profunda según el Papa, a saber, el paradigma tecnocrático y su absolutización de la razón instrumental. En una segunda parte, tendré en cuenta lo que dice Francisco –en la encíclica y fuera de ella– sobre el papel protagónico de los movimientos de trabajadores, de todos los trabajadores –aun de aquellos que no gozan de un empleo formal–, como respuesta a dicha crisis; pues considera, como Juan Pablo II, al trabajo como «una clave, quizás la clave esencial de toda la cuestión social» (LE 3). De esa manera concluiré mi exposición, mostrando algunos caminos de respuesta propuestos por Francisco, pero privilegiando aquellos en los cuales el Señor nos «primereó», es decir, de hecho ya tomó la iniciativa, que la fe y una buena voluntad bien informada descubren como nuevos signos de los tiempos. Señalaré entones el surgimiento de posibilidades reales de un desarrollo humano alternativo, es decir: integral, sostenible y solidario.

La crisis y su raíz humana profunda

LS aborda «lo que está pasando a nuestra casa» común (LS cap. 1º), debido a los rápidos cambios «que no necesariamente se orientan al bien común y a un desarrollo humano, sostenible e integral» (LS 18). Entonces Francisco enumera en detalle los graves deterioros ambientales y sociales, para concluir diciendo:

«No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola crisis socioambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad de los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (LS 139).

En solo dos palabras, la respuesta a la crisis propuesta por la encíclica se resume en: «ecología integral», a saber, simultáneamente ambiental, económica, social, cultural y de la vida cotidiana. Es otra manera de nombrar el desarrollo humano integral y sostenible.

Pero el santo padre no se queda en el mero análisis de los síntomas de esa única crisis, sino que señala cuál es su raíz humana y cultural, matriz de dichos estilos y modelos, a saber, el paradigma tecnocrático (LS 101), homogéneo y unidimensional (LS 106).

Por lo tanto, no se trata de la técnica, de la tecnología o de la tecnociencia por sí mismas, sino de la tecnocracia. Pues el sufijo «cracia» alude al poder que dichas innovaciones tecnológicas confieren «a quienes tienen el conocimiento y sobre todo el poder económico para utilizarlo» (LS 104). Pues «nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo» (ibid.). El Papa concluye finalmente preguntándose: «¿En manos de quiénes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente riesgoso que resida en una pequeña parte de la humanidad» (Ibid.).

Ya pensadores del siglo XX, posteriores a la primera guerra mundial y, sobre todo, a la segunda, señalaban el reduccionismo de ese modo de entender vida y acción. Por un lado, se reduce toda relación humana con la naturaleza, con los otros hombres y aun con Dios, a la relación del sujeto con objetos. Sobre ese punto asevera el Papa:

«Se destaca un concepto del sujeto que progresivamente, en el proceso lógico-racional, abarca y así posee el objeto que se halla fuera. Ese sujeto se despliega en el establecimiento del método científico con su experimentación, que ya es implícitamente técnica de posesión, dominio y transformación. Es como si el sujeto se hallara frente a lo informe totalmente disponible para su manipulación» (LS 106).

Es decir, «ahora lo que interesa es extraer todo lo posible de las cosas por imposición de la mano humana, que tiende a ignorar u olvidar la realidad misma de lo que tiene delante» (ibid.). Notemos los verbos empleados por Francisco: abarcar, poseer, dominar, disponer, manipular, extraer, imponer, ignorar, olvidar, aun tratándose de personas, por ejemplo, los trabajadores y excluidos.

Ese reduccionismo se traduce, en el orden práctico, en la absolutización de solo un tipo de racionalidad humana: la razón instrumental, que no tiene que ver con los primeros fundamentos ni con los fines últimos, sino solo con los medios más eficaces para lograr fines u objetivos inmediatos. A ella no le interesa lo bueno, verdadero y bello, sino solamente lo útil que responde a esos intereses inmediatos. Aún peor, el Papa agrega que, debido a la vigencia de dicho paradigma mental y cultural, «los objetos productos de la técnica no son neutros, porque crean un entramado que termina condicionando los estilos de vida y orientan las posibilidades sociales en la línea de los intereses de determinados grupos de poder. Ciertas elecciones, que parecen puramente instrumentales, en realidad son elecciones acerca de la vida social que se quiere desarrollar (LS 107).

Según Francisco, no es cuestión, en primer lugar, de las teorías económicas, «sino de su instalación en el desarrollo fáctico de la economía. Quienes no lo afirman con palabras lo sostienen con los hechos, cuando no parece preocuparles una justa dimensión de la producción, una mejor distribución de la riqueza, un cuidado responsable del medio ambiente o los derechos de las generaciones futuras. Con su comportamiento expresan que el objetivo de maximizar los beneficios es suficiente. Pero el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral ni la inclusión social» (LS 109).

[1] La versión íntegra se publicará en Stromata, revista de las Facultades de Filosofía y Teología de los jesuitas en Argentina.

 

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