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«Soy hija de Dios y eso nadie me lo va a quitar»

13 diciembre 2017 | Por

«Soy hija de Dios y eso nadie me lo va a quitar»

Elena Moreno | Charo es una madrileña de 54 años, divorciada y con dos hijos mayores de treinta. Durante 14 años ha trabajado como camarera de piso en un hotel de Madrid, soportando unas condiciones laborales precarias y muy duras, que han afectado a su salud y a sus relaciones sociales y familiares. En el momento en que la empresa decidió externalizar el servicio Charo y otras compañeras, después de meses de lucha y reivindicaciones, decidieron dejar el trabajo. Ahora sigue en contacto con Las Kellys, reclamando unas condiciones dignas para este colectivo.

¿En qué consiste vuestro trabajo?

Nosotras somos camareras de piso, aunque a veces nos meten en la categoría de limpiadoras porque cobran menos. La tarea consiste en arreglar todas las habitaciones del hotel. Es un trabajo muy duro y se trabaja a destajo; muchas veces no tienes tiempo para comer y ni siquiera para ir al baño. Tampoco se le da al cliente el trato que se debería porque no tienes tiempo y si te preguntan algo solo puedes contestar frases cortas y ya está, porque no te puedes entretener.

¿Cuándo y por qué decidiste dejar el trabajo?

Llevábamos tiempo en el hotel con muchos problemas con la dirección y había rumores de que lo iban a vender. El dueño nos trataba a todos fatal y su intención era externalizar este servicio. Nosotras sabemos cómo funcionan las externalizadoras porque hemos trabajado con ellas: dependiendo de la ocupación del hotel, te llaman o no, te mandan cada día a un hotel diferente y apáñatelas como puedas… El trabajo así es más penoso y muy duro. Hicimos huelga hace dos años. Bueno, ha sido una situación muy complicada.

Así que unas cuantas camareras decidimos irnos: vimos la oportunidad, llegamos a un acuerdo con la empresa y lo dejamos. Nos indemnizaron bien porque querían deshacerse de nosotras. Pretenden externalizarlo todo y yo no quiero trabajar en esas condiciones, prefiero algo más estable.

¿Cómo afectaban estas condiciones a tu vida personal, familiar, social…?

Afectan muchísimo, porque es un trabajo muy duro. Llegas a casa agotada, directa a tomarte un ibuprofeno y a echarte al sofá. No tienes ganas de nada, te duele el cuerpo entero. Si sales un rato con los amigos o con la familia, enseguida te vas a casa porque necesitas descansar. Y por la mañana ya te tomas un ibuprofeno para aguantar el día. Además, como es normal, trabajamos las fiestas y domingos, por lo que no puedes hacer planes con nadie. Nosotras teníamos que librar dos domingos al mes, pero nunca era así porque si subía la ocupación, por no traer gente de fuera, nos cambiaban de día y acabábamos trabajando casi todos los domingos.

En este sentido sí, se resiente el cuidado de la familia. Yo tenía en casa la ayuda de mi hija y de mis padres que estaban conmigo, porque llegas a casa fatal.

Como cristiana, ¿cómo vives esta situación? ¿Cómo te ayuda o te puede ayudar tu fe a afrontar esta situación de lucha, de explotación?

Mi fe me ha ayudado mucho. Me ayuda a vivir cada día con dignidad, sabiendo que soy hija de Dios y que eso nadie me lo va a quitar pese a todas las dificultades que podamos tener en este trabajo.

Como trabajadoras de un sector tan duro, ¿habéis sentido el respaldo de la iglesia? ¿Cuál crees que debe ser el papel de la Iglesia y de los cristianos en general ante estas situaciones de vulneración de los derechos de los trabajadores?

La Iglesia como institución, no. Pero si es cierto que hay ciertos colectivos dentro de la Iglesia como Cáritas, la HOAC o algunas parroquias que sí denuncian y están cerca de los trabajadores. Yo creo que la Iglesia debería denunciar más las situaciones de vulnerabilidad de los trabajadores, que viven situaciones muy precarias de explotación. La Iglesia tendría que denunciarlas y decirlo en voz muy alta, para que la gente se entere, igual que se han unido para otras situaciones.

En los últimos años, vuestro colectivo se ha empezado a organizar en lo que se conoce como Las Kellys ¿Qué os ha aportado esta organización?

Por una parte, nos ha permitido que la gente nos conozca y poder denunciar la situación en la que estamos trabajando. Hemos podido llevar este problema a Bruselas, para que se vea y se tomen medidas. En España el turismo es uno de los sectores más importantes en cuanto a ingresos, pero los únicos que se benefician de ello son las empresas, porque la situación de los trabajadores de este sector es muy precaria y los sueldos son muy bajos.

Y, por otra parte, lo más importante es que estamos unidas. Porque somos débiles, pero si estamos todos juntos somos más fuertes. Somos conscientes de que este sistema neoliberal no avanza en derechos para los trabajadores, sino que vamos retrocediendo y perdiendo todos los derechos que habíamos adquirido. Pero ahora sabemos que podemos tener una esperanza de que esto cambie. Siendo unos pocos no se puede hacer nada, pero muchos tenemos mucha fuerza.

¿Cuál ha sido o está siendo el papel de los sindicatos?

Mi visión de los sindicatos no es nada buena, al menos donde yo he trabajado. No nos han ayudado lo suficiente. Creo que están más pendientes de los que están en categorías superiores y a nosotras nos dan así como una palmadita en la espalda. Te pueden ayudar en ciertos momentos, pero en general no. La percepción que nosotras hemos tenido es que nos han ayudado poco.

¿Crees que las limpiadoras/camareras de piso se pueden considerar un colectivo que se encuentra en las periferias del mundo laboral? ¿Por qué?

Sí, totalmente, porque somos invisibles ante el mundo y ante la gente. Pasamos de puntillas por el hotel; ni siquiera la gente del mismo hotel tiene relación con nosotras. Tampoco quieren que hablemos con nadie. Es un colectivo de esclavitud y precariedad.

A mí es un trabajo que me gusta, pero las condiciones son muy malas. Vas perdiendo salud (te la vas dejando en el hotel) y no ves ninguna recompensa por ningún lado, ni de jefes ni de nadie, porque siempre van detrás de nosotras: si cometes un fallo, porque somos humanos y vamos con muchas prisas, parece que has matado a alguien… Trabajar así es muy duro. Y cada vez está peor. Ojalá llegue un día en que se pueda trabajar dignamente.

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