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Jesús Candel, médico: «Estamos dando una lección de lucha por el interés común»

23 enero 2017 | Por

Jesús Candel, médico: «Estamos dando una lección de lucha por el interés común»

José Luis Palacios | Un hombre ha puesto a toda una ciudad en estado de rebeldía contra los planes de la Junta de Andalucía de fusionar dos de los hospitales públicos de Granada. Es la movilización más grande de los últimos años de la ciudad. Es el espejo en el que se miran otras capitales andaluzas sobre las que pesan proyectos similares. Ese hombre se hace llamar Spiriman.

La exageración periodística, al estilo de Hollywood, por esta vez, tiene alguna justificación. Detrás del personaje se encuentra Jesús Candel, un médico interino del Servicio Andaluz de la Salud, padre de cuatro hijos. Hace cuatro años creó una fundación para alentar a niños y jóvenes en dificultades a practicar un deporte curioso bautizado como spiribol. De ahí le viene su apodo.

Hace unos meses se enfundó una gorra y unas gafas de sol para grabar un vídeo con sus hijos, parodiando el caos sanitario provocado por la integración sanitaria, al que han seguido otros muchos, algunos muy airados. A finales de noviembre, unas 100.000 personas abarrotaron las calles de Granada para pedir, por tercera vez en menos de dos meses, mejores servicios hospitalarios. Siempre directo, con el verbo fácil, proyectando una imagen a medio camino entre el cantante dominicano Juan Luis Guerra y el documentalista Michel Moore, mantiene una dura lucha con gran desgaste personal de consecuencias inciertas.

¿Qué le movió a iniciar esta lucha?

La indignación simplemente, al ver la incompetencia, harto de que nadie nos hiciera caso, de ser avasallados por la administración y ver que se toman decisiones que van en contra de los profesionales y los pacientes. Unos compañeros me pidieron que les ayudara con las redes sociales. Yo me manejaba solo un poco mejor que ellos, había creado hacía tiempo una fundación y utilizaba un personaje para darla a conocer. Le eché un poco de humor a esto, con un vídeo en la playa con mis niños, y luego seguí haciendo vídeos.

¿No habría sido más fácil para su causa verse respaldado por algún colectivo, partido o sindicato?

No creo, no hace falta. Respeto a los que se afilian y creo en el papel de los sindicatos, de los partidos. Solo que, a lo mejor, el éxito de la movilización está precisamente ahí. Muchas causas que son buenas para todos, al caer en determinados manos acaban siendo utilizadas en beneficio de una ideología particular. Yo hablo mucho con mi amigo Fidel, consulto con mis compañeros.

¿Había utilizado alguna vez las redes sociales?, ¿a qué cree que se debe el impacto de sus denuncias?

No se manipula, ni se tergiversa la información, no se engaña a nadie, se dicen las cosas claras. Los medios de comunicación, muchos, no todos, no contrastan la información, dependen de sus propios intereses. Las redes son un escaparate para decir lo que uno siente y piensa, sin intermediarios. Las redes sociales sirven para inflar, no para desinflar. En otra época, sin redes sociales, hubiera sido imposible conseguir todo esto.

¿Soñó que lograría tanta repercusión?

La verdad es que sí. Mira Spielberg, soñó que podía hacer Tiburón y nadie le creía. Cuando uno desea algo con fuerza, al final se cumple. Le dije a los compañeros que podía funcionar. Luego ves que la gente nos apoya, que nos siguen porque nadie oculta nada ni manipula la información. Llevábamos cuatro años quejándonos y no nos hacían caso. En mi hospital se hizo un referéndum y los trabajadores votaron en contra, pero no les importó. Esta gente tiene el control y empezaron a mentir a la gente con que sí solo había votado el 20% del personal, que si los granadinos estaban a favor… Ahora van a tener que hacernos caso o va a ser la muerte, políticamente hablando, para ellos. Tienen que asumir el coste político de sus decisiones y de sus mentiras. Hemos utilizado las herramientas que teníamos y esto se ha acabado, tenemos un arma que podemos poner en práctica, pero ellos siguen con lo mismo, pensado que pueden gestionar su cortijo sin que nadie les diga nada.

¿Cuál es el modelo de gestión sanitaria de la Junta andaluza? ¿No es la política sanitaria del PSOE diferente a la del PP?

Es la misma, pero con el delito de que lo hacen a escondidas. El PP lo dice claro, a privatizar, y todos sabemos lo que quieren. En cambio, el PSOE dice que no, pero lo hace, a través de su red clientelar, de los contratos basuras, las productividades y el miedo. La gestión siempre es subcontratar, derivar servicios: la cocina, la limpieza, los conciertos… Es verdad, el presupuesto ahora es el mismo de antes de la crisis, pero hay mala gestión, irregularidades…

¿Cómo son las condiciones de trabajo en la sanidad andaluza?

Nos tienen hasta arriba, falta personal y estamos sobrecargados, nos hacen contrato que renuevan cada poco, yo últimamente pillé un año y ahora tengo uno de cuatro meses. Trabajamos 24 horas seguidas, que es una barbaridad, pero no se pagan como horas extras. El sueldo base de un médico es bajo. Tienes que hacer mil cosas, guardias, turnos…, para poder llevarte algo más. Por eso, la gente se va fuera o acaba en la privada. Parece que es algo que incentivan a propósito. Dinero hay, pero si se gasta en el personal de gestión, no da para tanto.

¿De qué manera puede usted participar en las negociaciones para solucionar el conflicto?

No puedo, pero me llama el consejero para sentarme a la mesa. No estoy en ninguna plataforma, pero como tienen miedo a que la ciudadanía sea de verdad la que esté liderando esta protesta, hacen el paripé. Dicen que yo represento a la ciudadanía, pero cuando les pregunto si van a hacer lo que pedimos, contestan que eso se decide de otra manera. Ya tienen su sistema, sus dirigentes, su gente con la que negocian. Ahora están hablando con los mismos que queremos que dimitan, los que luego dicen que ellos no pintan nada. Pero tienen miedo a perder votos y sus sillones. Eso es lo único que les preocupa. No pararemos hasta que firmen que va a haber dos hospitales completos, con sus especialidades, funcionando como funcionan en todo el mundo.

¿No teme verse superado alguna vez por el cansancio, sufrir un gran desgaste?

Me he echado a mis espaldas una piedra muy grande, pero la gente me pide que no pare. Hay ciudadanos que me escriben, me cuentan sus casos, me animan a seguir. Ellos siguen con sus estrategias, no deciden nada, están dilatando el tema y se echan a esperar a que se enfríe y pase. Yo no me voy a cansar. Soy médico, tengo que buscar siempre lo mejor para mis pacientes. Esto es un caso clínico más y estoy viendo qué se puede hacer por el enfermo. En el fondo llevamos poco tiempo con esto, desde mediados de octubre. Resulta que muevo masas, pues voy a aprovecharlo. Tengo mucha fuerza, soy creyente, creo en mi tocayo, he leído sobre él. Es lo que me han enseñado de pequeño. Son mis valores. Por la noche, pido fuerza a Dios y tiro para adelante, me siento alegre. La gente que me conoce sabe en lo que creo y en que siento que hay que luchar por lo justo. Cuando lo haces, te da más energía. El desgaste es para los que piensan en ellos mismos, esos son los que acaban amargados.

¿Ha habido algún momento, aunque fuera algo pasajero, en que se haya arrepentido de haberse metido en esto?

Un día discutí con mi mujer, hubo tensión, pero pasó. Hablamos y pudimos reconducirlo. Es verdad que hay mucho desgaste familiar, que tengo la cabeza en otras cosas… Dedico muchas horas a leer, a hablar por teléfono, a los vídeos, y no tengo ningún equipo detrás que haga esas cosas. Pero lo hago porque creo que debo hacerlo. Tengo que aprender a desconectar y seguir dando mucho cariño a mi mujer y a mis cuatro hijos. Es verdad que ha habido gente que me ha defraudado pero mi mujer, mis hijos, la ciudad entera, me animan. Lucharé por la sanidad pública y si ahora tengo que darle voz a algún compañero, porque he conseguido que me siga mucha gente, lo seguiré haciendo.

¿Qué ha aprendido de todo esto? ¿Qué cree que será lo que acabe en la memoria de Granada?

La solidaridad de toda ciudad que deja a un lado ideologías políticas para defender lo que es justo. Yo he removido conciencias, pero había debajo un corazón muy grande. Estamos dando una lección de lucha por el bien común, como nunca antes se había visto en esta ciudad. Me llama mucha gente, amigos que viven en el extranjero, compañeros de otras ciudades como Jaén y Huelva que han empezado a moverse. Algo ha cambiado y puede ser un referente de lo que se consigue cuando la ciudad está unida, mediante la lucha pacífica y cívica. Muchas personas me dicen que debería aprovechar para cambiar esto o lo otro. Yo les digo: empieza tú. No quiero mejorar el mundo, me conformo con cambiar mi realidad cercana, mi ciudad. Eso es lo que debería hacer cada uno. Mucho de lo que pasa ocurre porque seguimos callando, porque no protestamos, porque lo consentimos.

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