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Carta pastoral del Obispo de Valladolid: En favor del trabajo digno

07 octubre 2016 | Por

Carta pastoral del Obispo de Valladolid: En favor del trabajo digno

Sale el sol, entonces sale el ser humano a su trabajo, a su labor que dura hasta la tarde y renuevas la faz de la tierr(Salmo 104).

El trabajo es algo esencial al hombre y ocupa un lugar central en el plan de Dios: someter la tierra, cuidarla y protegerla y así, servir a los demás. No es una condena. Es una bendición, pero el esfuerzo en realizarlo, la carencia del mismo y las condiciones materiales y sociales en las que desempeña, sí pueden ser un castigo.

La Iglesia enseña la prioridad del «trabajo» frente al «capital», de tal manera que toda actividad humana, que procede del hombre y a él se ordena, contribuya no sólo a transformar las cosas y la sociedad, sino también a la perfección de la persona. Subraya la primacía del hombre en el proceso de producción respecto de las cosas. Hombres y mujeres como sujeto del trabajo, e independientemente del trabajo que realizan, son personas con dignidad sagrada de la que se derivan importantes consecuencias.

Las condiciones de trabajo o de salario que exploten o denigren a la persona nunca encuentran justificación, aunque se trate de buscar en las exigencias de la competencia, las imposiciones de la globalización o los intereses del capital.

Uno de los mayores problemas que el mundo actual, también la sociedad española, tiene planteados es el de la falta de trabajo de millones de sus miembros. El paro es la expresión más importante de la crisis económica. La salida de la crisis se confirma si se crean puestos de trabajo, pero la justicia de un sistema socioeconómico merece ser valorada según las condiciones del trabajo humano y el modo como se remunera. El salario justo se convierte en la verificación clave de la justicia de toda una sociedad. La Doctrina Social de la Iglesia propone como criterio el «salario familiar»: el que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro.

La defensa del trabajo digno nos concierne a todos:

–Administraciones públicas que regulan condiciones laborales, fiscales y sociales justas y velan por su cumplimiento.

–Empresarios que no se aprovechan del ingente número de desempleados para imponer salarios y condiciones laborales indecentes.

–Trabajadores con empleo que, además de desempeñar con honradez su tarea, no son indiferentes ante las situaciones de parados ni de las víctimas nacionales y extranjeras del trabajo indigno.

–Ciudadanos, trabajadores y empresarios, que al tomar nuestras decisiones económicas ordinarias tenemos en cuenta los escenarios en los que se produce lo que compramos, pagamos nuestros impuestos y, dejando al lado el egoísmo de la defensa de nuestros intereses, somos responsables de amparar de manera eficaz a las víctimas de esta situación.

La Iglesia de Valladolid anima a sus miembros a sentirse especialmente convocados a la tarea de contribuir a la justicia y el bien común en el mundo del trabajo desde el ejercicio de la caridad política.

✠ Luis J. Argüello
Obispo auxiliar de Valladolid
7 de octubre de 2016

 

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