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También el sol

27 noviembre 2015 | Por

También el sol

Araceli Caballero | Iciar Bollaín estrenó en 2010 También la lluvia, una película sobre la privatización del agua en Bolivia. Pues ya puede ir preparando «Y ahora el sol» sobre la genial idea del Gobierno del PP de cobrar a quienes producen su propia energía solar, que los numerosos sectores que se oponen llaman «impuesto al sol». En fin, lo que viene ser «ser puta y poner la placa».

El pasado 5 de junio, precisamente el Día del Medio Ambiente –¡qué puntería!–, el ministerio de Industria y Energía que preside José Manuel Soria, dio a conocer el borrador del Real Decreto de Autoconsumo, con el objetivo de «impulsar la generación distribuida» y «darle un impulso a la utilización de las energías renovables». Cuando lo leyeron, amplios y variados sectores, que incluyen ecologistas, consumidores, generadores de energía para autoconsumo, etc., no entendieron lo mismo, y comenzaron una activa campaña de oposición, que sirvió de poco, porque el pasado 9 de octubre el consejo de ministros aprobó un texto en el que había cambiado poco más que el nombre, y que casi toda la oposición ya ha dicho que derogará cuando una nueva mayoría parlamentaria lo permita.

¿Qué es esto del «impuesto al sol»? ¿Tendremos que pagar el próximo verano por ponernos morenos? No, por eso, no, pero quienes tienen instaladas placas para producir la electricidad que consumen están bastante negros con la norma, que obliga a pagar por cada kWh que el autoconsumidor produzca, en concepto de contribución al mantenimiento del sistema eléctrico, además de una cantidad fija, en función de la potencia que tenga, excepto las instalaciones de menos de 10 kW. El resultado es que, según la Federación Nacional de Comunidades de Regantes –los mayores consumidores de energía, por detrás de Adif–, los propietarios de una instalación de autoconsumo pagarán por cada kWh el doble de peajes de acceso que un usuario que lo compre directamente al sistema eléctrico.

Por si esto fuera poco, si producen más kW de los que consumen, están obligados a verterlos a la red, sin recibir un céntimo a cambio, aunque si producen menos y se conectan a la red general, pagarán. O sea, que siempre pagan. Las instalaciones de más de 100 kW, que sí que pueden vender el excedente, pero para ello deberán inscribirse en el registro de productores de electricidad.

En la misma línea de «favorecer» las energías limpias, no se permite que se beneficien varios autoconsumidores de una misma instalación. Según el diario El Economista, por ejemplo, los habitantes de un bloque de pisos no podrán aprovechar la energía producida por placas comunitarias, que solo podrán abastecer el gasto de electricidad de la comunidad, no de los vecinos individualmente.

Nótese que estamos hablando de energía que no emite gases efecto invernadero (GEI), los mayores causantes del cambio climático.

Soria asegura que nada de «impuesto al sol», que en realidad se trata de una «prima al sol», ya que es energía que se está produciendo en una planta fotovoltaica. ¡Para primas, nosotras!

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