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El undécimo, no molestar

27 agosto 2015 | Por

El undécimo, no molestar

Araceli Caballero | Ya está aquí agosto: el calorcillo (¡el calorazo!), el botijo, la molicie, las terracitas, los cines de verano, el pueblo,… ¡las vacaciones! Es decir, tiempo para hacer otras cosas, conocer otros lugares, ir al campo, a la playa, a visitar amigos… Todo ello, eso sí, cumpliendo el undécimo mandamiento: no molestar. Los hábitos respetuosos no conocen holganza.

La canícula no pone fácil este año frenar el cambio climático, pero tengamos presente que no todos los mecanismos de refresco se enchufan: cerrar puertas y ventanas al sol, y abrirlas a la sombra, abanicos, botijos y paipays, agua fresca, etc. Como regla general, la de siempre: usar el medio más adecuado y ajustado a cada necesidad, con responsabilidad y sin pasar por alto los «daños colaterales».

Existe un impacto vacacional especialmente paradójico: el deterioro de aquello que tanto nos atrae: el paisaje. Vamos al campo a disfrutarlo, y lo dejamos hecho unos zorros; descubrimos que el mar es una maravilla, y basta darse una vuelta por el litoral mediterráneo español (entre otros, que no tiene la exclusiva) para que no haya que entrar aquí en detalle: urbanización de zonas naturales, sobreutilización del recurso agua, problemas relacionados con el tratamiento de las basuras, contaminación del agua por los residuos líquidos, cambios en el paisaje para favorecer impropias actividades de ocio como el golf o el esquí, etc.

La alternativa es, por supuesto, mirar atentamente dónde vamos y qué vacaciones hacemos; también algo tan elemental como comportarnos con cuidado y con educación. En fin, que tengamos presente cuando, por ejemplo, paseamos por el campo que los visitantes somos nosotros: las piedras, animalillos y plantas no son un buffet libre: se mira, pero no se toca. Y, por supuesto, no se va a casa de nadie a ensuciársela.

Que el viajar es un placer es sabido desde mucho antes de que los payasos de la tele nos lo cantaran, pero ojo con el medio de transporte. ¿No habíamos quedado en que mover las piernas (sobre suelo o pedales) es sano y agradable? Pues aparquemos el coche, no sea que en 2015 superemos los niveles de contaminación del 2014, cuando el 95% de la población española y el 94% del territorio estuvieron –estuvimos– expuestos a unos niveles superiores a lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, según un informe de Ecologistas en Acción.

Un último aviso: no es ecoturismo todo lo que reluce. Desde que «lo verde» se convirtió en argumento de venta, en el azúcar que hace tragable lo infumable, hay que mirar con lupa algunas palabras, que las carga el capital. No es ecoturismo invadir entornos naturales frágiles, pongamos por caso.

En fin, todo lo dicho –más lo que ustedes ya saben– se resume en el texto de un cartel que seguramente conocen: no mate más que el tiempo; no saque más que fotos; no deje más que huellas. Pues eso.

faldon portada y sumario

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