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Los desastres humanos ante las pantallas

30 julio 2015 | Por

Los desastres humanos ante las pantallas

Víctor Manuel Marí Sáez | Las múltiples pantallas que nos rodean muestran cíclicamente imágenes de desastres naturales o sociales: terremotos, inundaciones, accidentes aéreos, barcos cargados de inmigrantes que navegan a la deriva, etc. Detrás de la diversidad de las situaciones aludidas nos encontramos con una misma pregunta: ¿cómo influye en nuestra solidaridad hacia estas situaciones la forma en la que nos cuentan los hechos?

Hay varios factores que provocan, en nuestros días, el aumento de aquellas situaciones en las que fallecen decenas, centenares y a veces miles de seres humanos de un golpe. Sin el ánimo de ser exhaustivos, podríamos señalar, al menos, dos de estos factores. Por un lado, el hecho de que vivamos, como apuntaba el sociólogo alemán Ulrich Bech, en la sociedad de riesgo. El desarrollo científico técnico y la complejidad de nuestras sociedad han hecho que aumenten las posibilidades de que se produzcan acontecimientos catastróficos (por ejemplo, el peligro de los accidentes nucleares) en una medida mayor y con más impacto que en otros periodos. Y, por otro lado, nos encontramos con que un efecto del proceso de globalización capitalista es el aumento y la intensificación de los procesos migratorios hacia aquellos lugares del planeta donde se concentran los recursos económicos y las oportunidades de supervivencia y de mejora de las condiciones de vida.

Estos procesos sociales y humanos son magnificados por la presencia, cada vez mayor, de las múltiples pantallas en la vida social. La de la televisión, pero también la del móvil, la del ordenador o la de las «tablets». A diferencia de lo que sucedía en otros periodos históricos, en la actualidad cualquier accidente de este tipo genera un seguimiento casi inmediato a través de las redes sociales virtuales (twitter y facebook, sobre todo) y un flujo de imágenes imparable.

En lo que quisiera detenerme hoy es en analizar el diferente tratamiento informativo que tienen estos dramas humanos. Porque no todos tienen el mismo grado y el mismo tipo de representación en las pantallas. Unos son objeto de un tratamiento en profundidad, mientras que otros pasan sin pena ni gloria en la secuencia de noticias del telediario de turno. Este año tenemos ejemplos claros de estos diversos tratamientos.

Por un lado, hemos sido testigos del dramático accidente del avión de Germanwings, en los Alpes franceses, el pasado mes de marzo. La muerte de los 144 pasajeros y de la tripulación como consecuencia del choque provocado por un piloto suicida generó una gran conmoción en la opinión pública mundial. La hasta entonces tranquila población alpina donde se produjo el accidente se transformó, durante días, en un improvisado plató de televisión, desde donde decenas de canales de todo el mundo retransmitían en directo programas para sus audiencias. Simultáneamente, venimos siendo testigos del aumento, durante este año, de barcos que navegan a la deriva con miles de inmigrantes a bordo. Ya sea en las aguas del Mediterráneo o en aguas asiáticas, llegan noticias con cerca de 3.500 personas abandonadas en barcos en las aguas de Libia (junio de 2015) o con cerca de 6.000 asiáticos en las costas del golfo de Bengala.

¿Cuáles son las diferencias que hay entre el accidente del avión de Germanwings y el naufragio de barcos a la deriva con inmigrantes a bordo? Desde mi punto hay por lo menos dos, una de carácter ético y otra de carácter mediático. La primera tiene que ver con aquello que Imanol Zubero calificó hace ya unos cuantos años como la línea de la indiferencia moral. ¿Dónde termina lo que me afecta a mí y a los míos (el nosotros) y donde empieza la línea de lo que es cuestión de aquéllos (los alejados «moralmente», el ellos, lo que no me interesa tanto)? Pocas veces reflexionamos sobre esto, pero la citada línea existe. El objetivo de toda ética solidaria consiste en ampliar el nosotros cada vez hasta llegar a la máxima «todo lo que afecta a todo ser humano me interesa». Muchos de estos dramas humanos nos afectan porque, inconscientemente, pensamos que nos podrían haber pasado a nosotros o a los nuestros. Mientras que otros dramas no nos afectan tanto porque, por el contrario, pensamos (consciente o inconscientemente) que es una pena, claro que sí, pero bueno, eso no nos va a pasar a nosotros, habitantes del mundo «desarrollado».

La otra diferencia, de carácter mediático, tiene que ver con las diversas formas en las que se representan estos dramas en las pantallas. Mientras que en el accidente de Germanwings vemos en marcha las lógicas de la espectacularización de la realidad, en los barcos a la deriva con inmigrantes a bordo asistimos a unas representaciones más «frías». De los muertos del avión tenemos los datos de cada uno de ellos. Son dramas que han sido dramatizados. Nos los han contado a veces en primera persona, y siempre con un primer plano. Por el contrario, los inmigrantes no tienen rostro, son «una avalancha», «una oleada». Los hemos visto en un plano general muy frío, pocos segundos. Después, enseguida, viene otra noticia.

Por ello, podríamos reflexionar, a título personal y en nuestros grupos: ¿la forma en la que nos cuentan los dramas humanos son una «pantalla» que nos impide solidarizarnos efectivamente (no solo afectivamente) con ellos? ¿En qué medida el exceso de dramatización de los desastres humanitarios es otra pantalla que impide el ejercicio de una solidaridad real?

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