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Los medios de comunicación social

02 diciembre 2013 | Por

Los medios de comunicación social

Refiriéndose a los medios de comunicación social, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dice: «la cuestión esencial es si el actual sistema informativo contribuye a hacer a la persona humana realmente mejor, es decir, más madura espiritualmente, más consciente de su dignidad humana, más responsable, más abierta a los demás, en particular a los más necesitamos y a los más débiles» (n. 415). Si los miramos desde esta perspectiva, es más que dudoso que nuestros medios de comunicación sean lo que deberían ser. En cómo son los medios de comunicación tenemos un problema importante, vinculado al hecho de que, en muchos casos, no responden como debieran a un criterio fundamental para su servicio a la sociedad: «Es necesario que toda comunicación se ajuste a la ley primordial de la sinceridad, de la honradez y de la verdad» (Pontificia Comisión para los Medios de Comunicación, «Communio et progressio» 17). Y ello en lo que se refiere tanto a los medios privados como públicos, porque ese principio vale para todos.

No queremos decir con esto que todos los medios de comunicación sean iguales en este sentido, ni que en bastantes casos no estén aportando cosas positivas a la sociedad, que sí lo hacen. Queremos decir que necesitamos una reflexión profunda sobre lo que está ocurriendo en ellos y con ellos, y un debate social abierto que nos pueda llevar a que mejoren sustancialmente lo que hoy ofrecen y asuman mucho mejor la responsabilidad social que tienen. Necesitamos este debate social para afrontar, entre otros, un problema que ha alcanzado niveles muy preocupantes: muchos medios de comunicación social se caracterizan hoy por ser muy poco, o nada, plurales, por defender posturas marcadamente partidistas, por incitar más las posturas viscerales que la capacidad de razonar y dialogar, por practicar un muy escaso respeto a la verdad…, en función de los intereses ideológicos, mercantiles o partidistas que defienden. Parece que todo vale con tal de que predomine el propio y particular interés y punto de vista, incluido el faltar a la verdad. Este es un mal muy extendido en nuestra sociedad, que muchos medios de comunicación en lugar de combatir multiplican. Es grave que esto ocurra en medios privados, pero aún lo es más que ocurra en medios públicos.

El caso de la Radio Televisión Valenciana es un ejemplo de lo que no es tolerable en este sentido. Un ejemplo que es noticia estos días pero que, por desgracia, no es el único caso entre los medios públicos. Se trata de una radio y televisión públicas regidas desde hace muchos años por un mismo partido en el gobierno autonómico. En esos años se ha convertido en un aparato de propaganda del partido, pagado con dinero público, hasta extremos aberrantes. En función de ese interés partidista se ha hecho una gestión económica escandalosamente desastrosa y despilfarradora, acumulándose una deuda enorme. Cuando la situación se ha hecho insostenible, el mismo gobierno ha optado por despedir trabajadores y lo ha hecho, según los tribunales de justicia, de forma ilegal y por ello han sentenciado la obligación de readmitir a los despedidos. Entonces el gobierno ha decretado el cierre de este servicio público. De buscar diálogo y consenso para reformarlo, tanto para su viabilidad económica como para una orientación de verdadero servicio público, nada. De asumir responsabilidades, nada. Lo de siempre: falta de diálogo y falta de honradez.

Es legítimo, necesario y bueno, que existan medios de comunicación con distintas orientaciones ideológicas (que en la realidad tampoco son tantas por la concentración en muy pocas manos de la mayoría de medios, lo cual es otro gran problema). Es bueno que esto sea así desde la iniciativa privada. Pero ninguna orientación ideológica ni interés particular puede justificar la falta de respeto a la verdad, que tanto daño hace a la sociedad. Es necesario que desde la iniciativa pública se ofrezca un servicio público, con medios de comunicación públicos que se caractericen por su pluralidad, su ser abiertos, participativos, ejemplo de respeto a la diversidad social en todos los sentidos. Pero que sean, sobre todo, ejemplo de honradez y veracidad, de búsqueda de la verdad desde la diversidad, de diálogo… Solo así se podrá colaborar a crear una opinión pública crítica, informada y formada…, cosas esenciales para el bien común.

 

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