Dignidad y lucha de las mujeres

La mujer ha sido relegada históricamente en todos los ámbitos, también en el laboral. El paro y la precariedad tienen hoy rostro de mujer. La segregación ocupacional (empleos de chicas y de chicos) y las diferencias salariales siguen ahí.

Persisten todavía hoy muchas de las barreras impuestas sistemáticamente a la mujer en razón de su género, a pesar de que la mayoría de la sociedad (somos la mitad de la humanidad), empieza a tomar conciencia de que la dignidad es innata en todas las personas.

El trabajo es el medio de participación social y política por excelencia, la garantía de acceso efectivo a los derechos y los servicios y prestaciones públicos. El desigual acceso al empleo tiene consecuencias negativas muy importantes para todas las mujeres. Buena parte de este empleo se ha concentrado en unos pocos sectores económicos que, no por casualidad, presentan peores condiciones de trabajo y salarios menores, como el comercio minorista, la hostelería o la limpieza.

La incorporación de la mujer al trabajo no ha tenido, sin embargo, el efecto de equilibrar el reparto del trabajo doméstico. Las mujeres le dedican una hora más al día. Incluso cuando es la única sustentadora de la economía familiar.

Sobre la población femenina sigue recayendo abrumadoramente la responsabilidad de los cuidados. El 89% de las personas que optan voluntariamente a un trabajo parcial son mujeres, que soportan la imposibilidad de una conciliación entre el trabajo y la familia.

El criterio que rige la concepción del trabajo donde se prima la producción y el máximo beneficio ante la vida y la dignidad de las personas, pretende naturalizar unas actitudes y un sistema económico que acrecientan las desigualdades sociales y laborales entre los hombres y las mujeres.

En pleno siglo XXI, continúa la violencia verbal y física que padecemos las mujeres y que lleva a grandes feminicidios (crimen de odio: el asesinato de una mujer por el hecho de serlo), sobre todo en un contexto cultural discriminatorio, es decir, en los sectores más pobres y desprotegidos.

Como comunidad creyente estamos llamadas a construir unas condiciones de vida justas y dignas que sean lugar de salvación y liberación. Lucía Ramón nos lo recuerda en su libro Queremos el pan y las rosas: «Las religiones y espiritualidades de liberación alientan en su lucha por el pan y las rosas a millares de mujeres en todo el mundo y potencian su hambre y su sed de

una justicia mayor, su autonomía y su creatividad espiritual, artística y ético-política».

No es una lucha de poderes o ideales, es una lucha de empoderamiento y dignidad. Se trata de, dice Neus Forcano en Democracia y dignidad para las mujeres, superarse hasta llegar a ser independientes y solidarias: «El relato bíblico de Rut y Noemí encarna en dos mujeres este encaminarse desde la propia libertad y desde el propio deseo para llegar a ser una misma. Rut y Noemí son modelos antropológicos que nos permiten reflexionar sobre nosotras mismas y nuestras expectativas de construcción y educación».

Las primeras comunidades cristianas eran ejemplo de fraternidad. Las mujeres jugaron un importante papel que ha ido desdibujándose en el tiempo. También la Iglesia tiene que revertir ese estatus y hacer suya una Iglesia evangélica, comunitaria, «de iguales».

«Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente», se puede leer en Evangelii gaudium.

Bien claro lo dijo Francisco: «La Virgen María era más importante que los apóstoles, los obispos, los diáconos y los sacerdotes. La mujer, en la Iglesia, es más importante que los obispos y los sacerdotes; el cómo es lo que debemos intentar explicitar mejor» (Conferencia de prensa del Papa durante el vuelo de regreso a Roma, 28 de julio de 2013).

Con una mirada de esperanza vemos el camino andado y aunque nos queda mucho por reconstruir, queremos que sea un camino comunitario, de todas las mujeres y de todos los hombres, solo de esa manera podremos devolver a la persona su condición de ser sagrado y su espacio natural en una sociedad democrática.

Es una ardua y complicada tarea que requiere un gran esfuerzo para cambiar actitudes empresariales machistas por actitudes de respeto, una economía que mata y excluye por una economía de comunión y cuidado, una mentalidad patriarcal por un trato entre iguales.

Requiere una conversión personal que nos haga abrir los ojos a las dificultades de las demás acompañando en la precariedad y de la implicación de una comunidad cuidadora que proteja y procure el bien común.

Como comunidad de Cristo tenemos la tarea de hacer posible un mundo más justo, más igualitario y digno. Rovirosa, primer militante de la HOAC, en su texto De quién es la empresa decía: «Quiero expresar mi convicción profunda de que el papel de las mujeres no ha de ser inferior al de los hombres, ni en cantidad ni en calidad (…) El papel que desempeñará cada uno y cada una dependerá del eco que estos ideales de libertad y de dignidad encuentren en el corazón de los sometidos a servidumbre. La lucha será dura, indudablemente».

En salida

Durante el mes de febrero y de cara a la cita internacional de Día de la Mujer Trabajadora, la HOAC, junto otras entidades católicas, sociales o sindicales… se suma activamente al proceso de sensibilización y movilización, especialmente al paro laboral del 8 de marzo, para visibilizar las discriminaciones que sufren las mujeres trabajadoras en el acceso y en el empleo, y dar voz a tantas mujeres heridas por este sistema patriarcal, deshumanizador y tan contrario a los planes de Dios para la humanidad.

Reflexiona

¿Qué piensas, qué dices ante la discriminación laboral de tantas mujeres?

¿Cuál es tu aportación para igualar los roles en el trabajo, en el cuidado, en la familia…?

¿Con quién puedes compartir y dialogar este tema?

Recursos

Manifiesto de la HOAC y la JOC con motivo del Día Internacional de la Mujer. 8 de marzo de 2019 (próximamente)

Información del Sector de la Mujer de la HOAC

La visión de la OIT acerca de la igualdad entre las mujeres y los hombres

Actualidad laboral, guías

CCOO Mujeres

UGT Mujer trabajadora

USO Igualdad

Publicaciones

Queremos el pan y las rosas. Lucía Ramón.

Democracia y dignidad para las mujeres ante situaciones de precariedad. Neus Forcano.

Por amor a la justicia. Dorothy Day y Simone Weil. Teresa Forcades.

Trabajo y pobreza. Ana María Rivas.

Por un futuro de trabajo decente para las mujeres. Margarita Ramos Quintana. Tema del Mes, revista Noticias Obreras, marzo 2018.

Mujeres, poema de Presen Pérez.

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