Colaboraciones >> , ,

Despedido por su actividad sindical

07 febrero 2019 | Por

Despedido por su actividad sindical

Yolanda Cañada | Domingo Casaos, de 54 años de edad, fue despedido hace tres meses del centro que la empresa de ascensores Schindler tiene en Zaragoza, donde había desplegado una intensa actividad sindical. Desde entonces, lleva luchando por su readmisión, al entender su cese como castigo por defender los derechos laborales.

A punto de comenzar su turno de trabajo, el pasado viernes 30 de noviembre por la tarde, le comunicaron su despido inmediato, con una indemnización de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades, después de 24 años dedicados a la empresa. La compensación más reducida que permite la legislación. «Fue un momento de mucha intensidad: nervios, indignación, impotencia, enfado…», recuerda.

Desde el primer momento, entendió que «había un trasfondo sindical». Desde hacía dos años, había puesto en marcha una nueva sección sindical de USO, junto a otros tres compañeros, con el objetivo de fortalecer la conciencia obrera y social existente en la mayoría de la plantilla. Tiempo dedicado a reunir a los trabajadores, mantenerles informados, darles herramientas para expresar sus opiniones y denuncias ante las autoridades laborales, que han debido dejar «alguna huella» y remover «algo en distintos estamentos».

Al enterarse los compañeros de la fábrica, quisieron parar su actividad, pero los delegados de USO explicaron que no era la forma adecuada de actuar. Era necesario involucrar al comité de empresa formado por CCOO, UGT y la propia USO para que respaldara legalmente la protesta e informar al resto de la plantilla.

Al lunes siguiente, la pausa para el bocadillo, fue aprovechada para convocar una concentración a las puertas de la empresa. La mayoría de los compañeros de fábrica, afiliados y no de todas las secciones sindicales, salieron aquel día y los restantes hasta llegar al 4 de enero. No así los representantes de las secciones sindicales de CCOO y UGT, rememora con tristeza Domingo para, a continuación, añadir: «No los juzgo, pero estos son los hechos».

En las concentraciones, confiesa Domingo, contempló «milagros»: el compañero que nunca participaba en asambleas y apenas hablaba en público tomó el megáfono para gritar: «Pero, ¡es que no vamos a hacer nada por Domingo, si no lo hacemos por él por quién lo vamos a hacer, tenemos que defenderlo!»; otro amigo, también compañero, empezó a leer un escrito hasta que se le quebró la voz. «¡Qué esfuerzo más grande hicieron; de un valor humano incalculable!», suelta a punto de emocionarse este trabajador despedido.

Su estado anímico ha resistido, no sin los lógicos altibajos, a pesar de no considerarse emocionalmente muy fuerte. «La defensa del empleo, sabiendo que lo mismo que me ha pasado a mí le puede pasar a otros, me ha mantenido firme», declara. La ilusión por dar la batalla era compartida también por «los compañeros de la sección sindical de USO y de otros compañeros que no pertenecen a ella». Pero cada día que pasaba, las fuerzas iban menguando, sobre todo, al echar en falta la unidad en el comité de empresa, todo hay que decirlo.

«En casa, al principio, esta situación supuso un disgusto muy fuerte, pero muy pronto se tornó en complicidad de todos con la lucha que yo quería iniciar», afirma Domingo casado con Tere, con quien tiene un hijo de 20 años y una hija de 17.

El discurrir del conflicto los ha puesto a prueba. «Pasadas unas semanas, tuvimos que decidir qué haríamos si en el acto de conciliación, la empresa ofrecía más dinero para cerrar el caso y olvidarnos de juicio. Decidimos, con el convencimiento de los cuatro, que no íbamos a aceptar ofrecieran lo que ofrecieran, que íbamos a seguir con la lucha, y si esta no daba como resultado la reincorporación a mi puesto de trabajo nos iríamos al juicio, a sabiendas de que cabía la posibilidad de perder. Si eso pasaba, lo haríamos contentos por no haber cedido a la tentación del dinero». Precisamente, eso fue lo que ocurrió y la respuesta de Domingo, apoyada por su familia, la que habían tomado.

No olvidará nunca gestos como el de su hijo, cuando, al verle llorar mientras hablaba por teléfono con un amigo de la fábrica, fue a abrazarle y le dijo: «Venga, papá, ya verás que todo irá bien, ¡ánimo!», o el comportamiento de su hija, que pasó del disgusto inicial a alentarle para no aceptar el dinero de la empresa con el que quería poner fin a su lucha. La situación ha sido una ocasión privilegiada para poder hablar en familia sobre la honestidad, el vivir con sencillez, el buen sindicalismo, la solidaridad, el valor relativo del dinero, la constancia en la lucha, etc.

Echando la vista atrás, recopila Domingo lo importante de su experiencia: «Desde el principio he recibido muestras de cariño de muchos compañeros de trabajo, de amigos, el apoyo incondicional de mis compañeros de la sección sindical, de mi comunidad, siempre pendientes, atentos y aportando. Son incontables las llamadas, ofrecimientos, llamadas repetidas y frecuentes…». Esos apoyos y esa cercanía «han sido el calor que me ha protegido, uno de los regalos más grandes que se pueden recibir».

Este militante de la HOAC de Zaragoza, cree haber encontrado «el sostén que me ha permitido no hundirme en una situación que ciertamente puede conseguirlo, no me cabe duda, han sido mi fe, los apoyos humanos recibidos y mis convicciones». Así lo expresa: «Desde la fe, no he perdido en ningún momento la esperanza; una esperanza que he vivido, no como certeza de mi reingreso, que, cómo no, me gustaría, sino como certeza de que este camino nos brinda la posibilidad de sacar mucho provecho a nivel humano. Algo bueno quedará de todo esto…».

Gracias a sus convicciones, dice, ha podido «estar todo el tiempo en movimiento, pensando qué hacer, haciendo, hablando con este y con el otro, escribiendo…, lo que junto con la acción de los demás ha permitido llegar hasta donde se ha podido».

En este momento, confiesa sentir «un profundo agradecimiento a Dios en tantas personas de mi historia personal de las que gratuitamente he recibido y sigo recibiendo todo aquello que me posibilita afrontar una situación como esta, del modo en que lo he hecho, y quedándome con lo positivo, que es mucho». «Estoy alegre, feliz y dispuesto a empezar a buscar un nuevo puesto de trabajo, en el que, seguro, habrá muchas vivencias enriquecedoras que vivir», termina Domingo.

faldon portada y sumario

tantoportanpoco560-05
faldonsumario2-02

Noticias Obreras

Nuevo libro

Libro

Ultimo cuaderno

Redes Sociales

Instagram


© 2019 HOAC.

| Diseño original | DET | Adaptación de ACF | Desarrollado con WordPress | CM/Admo

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies