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Santos de la puerta de al lado, rogad por nosotros

01 noviembre 2018 | Por

Santos de la puerta de al lado, rogad por nosotros

Fernando Díaz Abajo | Desde la última vez que trajimos a estas páginas el recuerdo de los y las militantes fallecidos en el campo de honor del trabajo y de la lucha han pasado bastantes meses, y la lista de nombres se ha hecho más larga de lo habitual. Se nota que vamos cumpliendo años y vida.

Susi, Jesús Barba, esposo de Elena, militante de Astorga, y mucho tiempo miembro de Comisión General, fallecía el 28 de febrero pasado. Manuel Avezuela Calleja, quien fuera primer consiliario de Cádiz, nos dejaba el 6 de marzo. Paco Gómez Luque, consiliario diocesano de Málaga, de cuyo fallecimiento nos hicimos eco en el anterior In memoriam, partía a la casa del Padre el 20 de marzo. El 15 de abril tenía lugar la Pascua de Juan José Rodríguez Ugarte, sacerdote de Bilbao, que fue Consiliario General de la HOAC de 1963 a 1968, sucediendo a Tomás Malagón. El 27 de abril les seguía con 87 años de edad, Julio Manero, riojano, antiguo militante de la HOAC de Bilbao, en Sestao. Y, en Madrid, nos dejaban, el 24 de mayo Antonio Jiménez Ruiz, y el 17 de junio, Gloria Muñoz Ros, militantes de la primera hora tras una larga vida de militancia. Y, Leo, militante de Málaga, esposa de Emilio, que fue también animadora del Junior, falleció el 8 de octubre, tras una larga enfermedad.

Todos y cada uno de ellos han dejado un vacío en nuestras vidas. Cada quien aportó algo propio, personal, e insustituible a quienes les conocimos y tratamos. Nadie puede ocupar ese lugar. Nuestra vida está hecha de encuentros y, también, de estos huecos con los que aprendemos a vivir de otra manera la presencia de quienes partieron a la casa del Padre. A la vez del vacío, han dejado nuestra vida llena de la suya. Y en ellos seguimos encontrando razones de vida y esperanza para seguir viviendo el encuentro con el Resucitado cada día.

En todos ellos descubrimos a los santos de la puerta de al lado, que dice el papa Francisco en Gaudete et exultate: «Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad “de la puerta de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, “la clase media de la santidad”».

Francisco nos recuerda que tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. Nos recuerda que la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya.

Nos recuerda que no todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona

Mucho tiempo antes que Francisco, Guillermo Rovirosa nos decía que los santos son un ejemplo y un estímulo inapreciables para mantenernos en la buena senda y perseverar en el amor; que la esencia de su vida fue no traicionar el don de Dios que recibieron en el bautismo; santos que anteponían el reino de Dios y su justicia a todo lo demás. Nos recordaba que el santo es aquel que vive en Cristo y Cristo vive en él; y su signo es la fecundidad (a base siempre de calvarios previos; no se olvide).

Nos insistía en que los santos deberían ser nuestros modelos, los ejemplos que nos arrastrarán hacia la santidad y perfección de que ellos fueron portadores. Pero también nos decía que los santos no son imitables. El único imitable es Cristo, que es en quien los santos han basado su santidad y no en otro santo anterior a él. Nosotros, pues, hemos de basar nuestra santidad en Cristo y no en tal o en cual santo.

Dios, decía Guillermo, ha permitido que no falten santos, que van contracorriente. En Susi, en Manuel y Paco, en Juan José, Julio, Antonio y Gloria nosotros tenemos un tesoro, el del ejemplo de una vida fiel a su bautismo, una vida a contracorriente una vida vivida en Cristo, porque Cristo vivía en ellos, una vida fecunda, vivida con amor en las ocupaciones de cada día. De ellos podemos aprender nosotros a recorrer nuestro propio camino de santidad. Por eso nuestro recuerdo es, como siempre, agradecimiento y acción de gracias.

La fecundidad no se mide con criterios humanos, no se realiza en éxitos apostólicos, ni en la importancia de la acogida de nuestras propuestas. Se mide por cuánto vive Cristo en nosotros. Por cuánto llegamos a configurarnos con Cristo viviendo con radicalidad evangélica algún aspecto de su vida. Nuestros hermanos y hermanas difuntos fueron fecundos.

Ellos han vivido una forma de ser cristianos que nos muestra caminos de santidad porque hicieron vida lo que creyeron. Fueron místicos en la vida obrera. Nosotros damos gracias a Dios por ellos que nos enseñaron a seguir a Jesucristo, viviendo ese mismo amor. Necesitamos darnos cuenta de cuánta santidad hay en la vida de cada militante, narrarnos esas experiencias de santidad cotidiana en el sindicato, en el barrio, en la familia, en el trabajo, en las relaciones con los vecinos… experiencias de cómo vivimos el encuentro con Dios en la vida que luego volcamos y compartimos y oramos en cada encuesta.

Hoy les pedimos que sigan rogando por nosotros, para que podamos realizar en la misión que la Iglesia nos confía nuestro camino de santidad. Santos y santas de Dios, hermanas y hermanos de la HOAC triunfante: ¡rogad por nosotros!

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