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Traperos de Emaús: «Nos juntamos dos tipos de excluidos, los que esta sociedad no admite y los que no admiten a esta sociedad»

03 mayo 2012 | Por

Traperos de Emaús: «Nos juntamos dos tipos de excluidos, los que esta sociedad no admite y los que no admiten a esta sociedad»

Entrevista: José María Berro./ Mantenemos esta entrevista con José Mª García y Lucio Tabar. El primero lleva en esta iniciativa desde su fundación y es su actual director, tras haber desempeñado otras funciones de coordinación internacional; el segundo es el responsable del área de mueble y es además miembro de Bira Beste Aldera (Dale Vuelta), colectivo navarro por el decrecimiento. Se les ve enamorados de Traperos, y no solo de lo que hoy son, también del futuro con el que sueñan.

–¿Qué trabajos realiza Traperos, cuántos convenios ha firmado, cómo se organiza, quiénes componen la plantilla…?

–(JM) Somos «traperos», que vivimos reciclando la basura; algo así como «los descendientes organizados del hombre del saco», un auténtico ecologista sin saberlo. También somos de «Emaús», un apellido. Tenemos una actividad laboral que nos permite vivir de nuestro trabajo y tenemos razones de por qué, para qué y con quién lo hacemos. Para nosotros es crucial aprovechar lo que se tira y hacer cosas útiles con lo aparentemente inútil. Tuvimos la suerte de estar en el sitio adecuado en el momento preciso. Al principio de los 80 se inician en Pamplona los primeros proyectos piloto de recogida selectiva de basuras que luego se asientan como ley en toda España. Participamos en estos primeros proyectos con los equipos Lorea e Hibaia y posteriormente fuimos aportando nuevos sistemas y métodos recuperando y reciclando papeles, trapos, voluminosos, vidrios, etc., y firmando convenios de prestación de servicios con ayuntamientos y mancomunidades. Actualmente desarrollamos nuestra actividad en más del 80% de Navarra.

–(L) Los «aparentemente» inútiles empezamos a trabajar con «la basura»; hoy nadie habla de basura sino de residuos, que cada día son más valorados. La mayoría de nosotros somos personas consideradas «inútiles», desahuciados por el mercado. Siempre hemos optado por ser intensivos en mano de obra, estamos regulados laboralmente 211 personas, de ellas el 75% difícilmente tendríamos cabida en proyectos al uso que requieren personas homologables, quedaríamos excluidas por tener peculiaridades que nos hacen ser diferentes (procesos de exclusión social, culturas, opciones sexuales, fragilidades personales…). Hoy sumamos más de 20 nacionalidades y hemos legalizado durante los últimos diez años a varios centenares de inmigrantes. Contrariamente a la sociedad actual en que es un problema, para nosotros, la diversidad es una riqueza. En Traperos de Emaús nos juntamos dos tipos de excluidos, los que esta sociedad no admite y los que no admiten a esta sociedad.

–(JM) Legalmente somos una fundación sin ánimo de lucro pero intentamos adecuar nuestra organización con criterios de participación e información con todos y para todos. Estamos repartidos en diferentes áreas de actividad en las que se procura que cada uno tengamos la posibilidad de sentirnos parte activa desde la búsqueda de consensos y el derecho a la información. Pero la estructura orgánica tiene su centro de máxima decisión en el Grupo de Coordinación General, formado por 12 personas, los responsables de las distintas áreas. Además de ellos estamos desarrollando un Grupo de Evaluación y Reflexión formado por 20 personas para filtrar decisiones y evaluar la coherencia con los pilares fundamentales: el Trabajo, la Comunidad (Compartir), la Solidaridad y la Lucha.

–¿Dependen mucho de las subvenciones?

–(JM) Dependemos fundamentalmente de nuestro trabajo. Nuestros contratos son de prestaciones de servicios similares a los de otras empresas. En el 2011 ingresamos cuatro millones y medio de euros, el 60% proviene de prestación de servicios, el 30% de ingresos propios por ventas de lo que reutilizamos y reciclamos, y solo el 10% son subvenciones. Siempre hemos tenido claro que el vivir de nuestro trabajo nos hace libres y nos ayuda a recuperar la dignidad.

–(L) De los gastos, el 70% se va en salarios, algo impensable en una empresa basada en el beneficio, siempre pensando en recortar los gastos salariales invirtiendo en tecnología que incrementa el patrimonio. Nuestro patrimonio somos las 211 personas que trabajamos en Traperos y entre las que compartimos igualdad salarial, jornada de 6,5 horas y adaptación del trabajo a las personas, no al revés.

–(JM) Nos movemos acuciados por las exigencias y hemos compartido a lo largo de los años muchas experiencias de sufrimiento y de inadmisibles injusticias. Intentamos afianzarnos en lo que podríamos llamar el método Emaús: «Ante cualquier sufrimiento humano dedícate a solucionarlo en el acto, pero no solo sino también luchar contra las causas que lo generan». Primero es la práctica lo que nos mueve, desde ahí se va definiendo nuestro pensamiento. Ya lo decía el Abbe Pierre, fundador en Francia de los Traperos de Emaús: «Primero fue la necesidad de actuar ante la urgencia, luego la práctica fue convirtiéndose en idea».

Buscamos recuperar la dignidad de las personas a través del trabajo y en el tiempo que compartimos. La solidaridad atraviesa todo lo que somos, el compartir y repartir el trabajo y sus productos, siempre con vocación centrífuga hasta llegar a la transformación social. El Abbe Pierre mantenía siempre la pregunta: «¿y los otros?», como provocación y convicción del mejor camino para la construcción personal y social, hoy, nosotros, añadimos: ¿y lo otro? en referencia a la naturaleza y todos los seres vivos.

–¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar aquí?

–(J M) La motivación y la razón que pone en marcha el inicio de Traperos de Emaús en Pamplona, hace ya 40 años, es la reacción colectiva y popular frente a la situación de personas que vivían en condiciones indignas en las chabolas de Barañain. Traperos de Emaús se inicia para recaudar fondos e iniciar la construcción de viviendas dignas, el llamado Poblado de Santa Lucía. Esta acción caracterizada por jóvenes voluntarios se mantiene hasta 1978 en donde ponemos en marcha la Comunidad de acogida para personas muy castigadas por la vida, que será el núcleo sobre el que pivotará el desarrollo de Traperos y el espacio que consolida el compartir como principio frente a la soledad, la marginación, individualismo o la propiedad privada.

–(L) Al ir caminando se van abriendo campos que al inicio eran insospechables. Desde las ayudas de la comunidad a otras personas o colectivos se apoya, por ejemplo, un taller-escuela, iniciativa de los objetores de conciencia, para jóvenes con fracaso escolar en la Chantrea. Se apoya con 300.000 pesetas de lo cual resulta un adelanto de lo que luego serán los talleres ocupacionales y la educación compensatoria. Algo similar ocurre con lo que luego serán empresas de reinserción, la recogida selectiva y la preocupación por el medio ambiente.

–(JM) En la medida en que se incrementaban nuestros recursos y posibilidades, en vez de incrementar salarios y horas de trabajo, hemos acogido más personas compartiendo recursos y tareas. Especialmente es significativa la decisión, atrevida y políticamente ejemplar, de rebajar nuestra jornada laboral de 40 a 32,5 horas a la semana como el mejor ejercicio solidario.

–¿Cómo os va afectando la crisis y cuál es vuestra reacción ante ella?

–(L) Todavía no nos afecta centralmente en el volumen de trabajo. En el 2011 recogimos más que en el 2010, y en éste más que en el 2009, lo que significa que seguimos siendo una sociedad con un nivel de consumo alto. Sí se nota en una disminución de la calidad de lo recogido. También se nota en que cada vez viene más gente a pedir trabajo a Traperos, y gente, digamos, más homologable. Quizá la crisis se hace más visible en sectores que hasta ahora no habían estado afectados, y tiene el efecto perverso de ocultar a sectores en crisis mucho más grave y permanente.

–(J M) Contra toda lógica seguimos aumentando plantilla, reaccionamos frente al modelo en crisis con la promoción del reparto. Es lo que nos ha hecho vivir y nos hace proponer como revolución social en el camino de búsquedas al que estamos abocados. Nuestra seguridad está en que somos un colectivo y si nos baja el trabajo de reciclaje es seguro que el planteamiento no será a quién despedimos, sino cómo repartimos mejor y cómo abrimos colectivamente otras vías. Lo importante es la vida, y afrontarla colectivamente enriquece y le da sentido.

–¿Es traperos una expresión del modelo de sociedad ideal?

–(L) Somos una isla y, además, una isla parcial. No nos creemos centro de nada, pero sí somos un ente de referencia y un esbozo de lo que la sociedad puede y debiera ser. Hemos desarrollado unas formas de vida y trabajo a contracorriente, cuando imperaba el consumismo desaforado; hoy creo que ya no estamos a contracorriente, que cualquier salida sensata a la crisis se acerca a nuestras posiciones, aunque todavía hoy no se apliquen sino recetas que nos van a sumir en crisis más profundas.

–(JM) Decimos que somos una especie de «espacio liberado en resistencia»; aplicamos a nuestra vida colectiva y de trabajo unos valores que encarnan un modelo solidario sin exclusión ni fundamentalismos y, por tanto, en resistencia ante los valores mercantiles, individualismos y rechazos de la sociedad en la que vivimos. Sería un error considerarnos con un proyecto histórico propio. Nos gusta más hablar de «contagiar-nos». Los principios que defendemos y en los que creemos (trabajo, comunidad, solidaridad) no son patrimonio nuestro, lo son de la humanidad y nosotros los recogemos de todas las experiencias de comunidad resistentes al capitalismo. Además, son principios de aplicación en muchos ámbitos, sin los cuales muchas organizaciones han pasado a ser parte del sistema, sobre todo con el salto de la militancia comprometida a la militancia asalariada. Hoy por hoy tenemos una cierta garantía que nos salva de perdernos entre confusiones e intereses institucionales, ella es el seguir siendo traperos, confiar en los pobres y el mirar hacia fuera manteniendo la generosidad como seña de identidad.

Creemos ser un camino de respuesta a la crisis profunda de la sociedad actual, que no es solo económica y que solo puede resolverse cuando empezamos a mirar hacia fuera, hacia «los otros y lo otro». No nos consideramos solución a nada, pero creo que apuntamos a algo, otro modelo de desarrollo que prima la garantía de la respuesta para todos en las necesidades básicas…, siempre con la solidaridad y la mirada hacia fuera como referencias últimas.

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