DESTAPAR LA ECONOMÍA SUMERGIDA

Por un empleo con derechos

"La regulación que, legalmente o al margen de la ley, se está imponiendo a muchos trabajadores es, en múltiples ocasiones, incompatible con la dignidad de las persona humana y con el respeto a los derechos humanos"

 

(Conferencia Episcopal Española,

' La Pastoral Obrera de toda la Iglesia ')

 

 

Las trabajadoras y los trabajadores de la economía sumergida

  En nuestra sociedad se habla muy poco de la economía sumergida. Pero existe y tiene una gran importancia. Decimos "economía emergida" o "legal" y "economía sumergida" o "ilegal", pero no hay dos economías, sólo hay una. Lo que está ocurriendo cada vez más es que a muchas grandes empresas y redes comercializadoras les viene muy bien la subcontratación del trabajo, el deshacerse de parte o de toda la producción, pasándola a otras medianas y pequeñas empresas que son cada vez más dependientes. Así, a medida que se va descendiendo en la cadena, se va produciendo un deterioro cada vez mayor de las condiciones de trabajo, hasta llegar a situaciones de total sumersión de la actividad productiva en talleres clandestinos y en trabajo a domicilio, pero pasando también por muchas formas de irregularidades laborales, de incumplimiento de las leyes que protegen los derechos de los trabajadores en empresas no sumergidas.

 

¿De qué estamos hablando?

De un conjunto de situaciones muy diversas que tienen en común ser actividades de producción de bienes y servicios para el mercado que eluden, total o parcialmente, las normas fiscales y laborales para abaratar los costes y someter mejor a los trabajadores a las condiciones que desea la empresa.

La economía sumergida no es algo "anormal", sino una de las expresiones de un proceso general de ataque a los derechos de los trabajadores. La economía sumergida forma parte de una nueva manera de organizar el trabajo, mucho más favorable a la rentabilidad de las empresas, que se caracteriza por la precariedad laboral. La multiplicación de las formas de precariedad laboral ha reproducido en buena medida las condiciones en que se desarrolla el trabajo sumergido en lo que se refiere a salarios, duración de la jornada, inestabilidad en el empleo, ritmos de trabajo, pérdida de derechos sindicales, desprotección social...La frontera entre el trabajo precario legal y el trabajo precario ilegal en muchos casos prácticamente ha desaparecido. El empleo sumergido, lejos de desaparecer, se ha convertido en la punta de lanza, en el modelo extremo de un tipo de relaciones laborales que cada vez gana más terreno en nuestra sociedad.

La extensión de la precariedad significa más vulnerabilidad social y económica para el trabajador. Reduce de forma muy importante la capacidad del trabajador para planificar y controlar su presente y su futuro. Lo hace más dependiente, menos libre.


¿Por qué no nos podemos resignar?

Además de hablarse poco de la economía sumergida, se da ante ella una gran permisividad y resignación: la mayoría pensamos que es negativa, pero también pensamos que no se puede hacer nada, que es algo inevitable. Esta resignación y permisividad son un gravísimo problema. La economía sumergida vive en gran parte de ellas.

En la Hermandad Obrera de Acción Católica, como trabajadores y cristianos, no nos queremos resignar ante la economía sumergida. Porque no estamos hablando de cosas, sino de personas. Hablar de economía sumergida es hablar de las trabajadores y los trabajadores que se ocupan en ella. Lo que está en juego es la dignidad de las personas, el poder tener o no un empleo decente y con derechos.

 

¿A quién afecta la economía sumergida?

Afecta directamente a muchos tipos de trabajadores y en sectores muy diversos, pero, sobre todo, a jóvenes, mujeres y trabajadores no cualificados, precisamente los mismos que más sufren el paro y que encuentran más dificultades para incorporarse dignamente a un empleo. En gran medida se explota la situación de debilidad de estos trabajadores. Es falsa la imagen de que los trabajadores de la economía sumergida son unos "aprovechados" que además cobran el paro o tienen otro trabajo "legal". En algunos casos esto es cierto, pero no lo es en la mayoría. Es muy importante subrayar la presencia mayoritaria de mujeres en la economía sumergida, así como que para muchos inmigrantes el trabajo irregular es la única forma de acceder a un empleo.

Normalmente, para estos trabajadores la economía sumergida supone: salarios más bajos, jornadas más largas, condiciones de trabajo muchas veces peligrosas para la salud, total precariedad e inseguridad en el puesto de trabajo, ausencia de actividad sindical, carencia de seguridad social y derechos sociales...

Pero, además, la economía sumergida afecta al conjunto de los trabajadores, pues debilita su posición, y al buen funcionamiento de la convivencia social: es un mecanismo de fraude fiscal ; es un mecanismo que deteriora las condiciones de trabajo ; y es un gran fraude social porque fomenta la sumisión e indefensión de los trabajadores, el trabajo sin derechos.

 

¿Quién se beneficia?

Como alguien ha dicho, el trabajo precario y la economía sumergida representan "seguridad para la economía e inseguridad para los trabajadores". La economía sumergida beneficia claramente a los intereses de las empresas sacrificando los derechos de los trabajadores y trabajadoras.

Muchas veces se ha dicho que existe economía sumergida porque las empresas no pueden sobrevivir debido a los altos impuestos y a la rigidez del mercado laboral. Es falso. España, que es uno de los países de Europa con más economía sumergida, es también uno de los países con menos impuestos y con más flexibilidad laboral.

Esto significa que no haya pequeñas empresas que tienen dificultades para sobrevivir, esto es debido, sobre todo, a la situación de dependencia que sufren respecto a grandes empresas que controlan los mercados y que son las grandes beneficiarias del trabajo precario y de la economía sumergida, que son para ella, en sus procesos de subcontratación y descentralización de la producción, una manera de abaratar costes, contar con mano de obra dócil y disciplinada, una manera de incrementar los beneficios.

 

¿Qué vemos si miramos la economía sumergida desde Jesucristo?

Vemos que:

Es una realidad en la que, en nombre de la necesidad, la competencia y la rentabilidad, las trabajadoras y los trabajadores ven cómo desaparecen muchos derechos y son tratados como un instrumento más de producción .

  • Al situar los derechos del trabajador en un lugar secundario , niega la dignidad de las personas.
  • Es un gran fraude social porque genera empobrecimiento, aumentando la vulnerabilidad y dependencia de muchos trabajadores, precisamente de aquellos que ya son más débiles. Por eso es un gran reto a la solidaridad con los trabajadores.
  • La resignación y permisividad ante ella es una amenaza para el bien común y un gran reto para la responsabilidad de todos y todas en su construcción.
  • Cuestiona la función de las autoridades públicas de hacer respetar las leyes y el mismo funcionamiento democrático de la sociedad , porque "no puede haber verdadera democracia si no se reconoce la dignidad de la persona y no se respetan sus derechos" (Juan Pablo II, "El Evangelio de la Vida ")

 

¿Qué podemos hacer?

Hemos de ser conscientes de las muchas injusticias que sufre el mundo obrero y de la necesidad de construir más justicia en las relaciones laborales, sociales, ...Para ello es fundamental que los trabajadores crezcamos en solidaridad, sobre todo con los que están peor en el mundo obrero. No cabe duda de que muchas trabajadoras y trabajadores de la economía sumergida están en esa situación. Por eso, proponemos un conjunto de acciones para la solidaridad con los trabajadores de la economía sumergida:

1º. Acercarnos a la realidad de los trabajadores y trabajadoras de la economía sumergida, conociendo su situación, participando de sus preocupaciones, ...Sin esta cercanía no es posible la solidaridad.

2º. Difundir la necesidad de combatir la economía sumergida, porque es un mal social ante el que no podemos resignarnos.

3º. Colaborar a sacar el tema de la economía sumergida a la luz pública: fomentar el debate público sobre la economía sumergida y, sobre todo, hablar de las situaciones de explotación que sufren estos trabajadores.

4º. Promover la denuncia de situaciones concretas que son especialmente sangrantes para algunos trabajadores y la denuncia de muchas irregularidades laborales que se comenten impunemente.

5º. Fomentar la organización de los trabajadores de la economía sumergida, buscando más participación de estos en los sindicatos y más implicación de los sindicatos en su situación, promoviendo colaboración entre los trabajadores, actitudes más solidarias.

6º. Promover la lucha contra la precariedad laboral, porque combatir la economía sumergida está muy unido a la lucha contra el paro y la precarización del empleo. Es fundamental reclamar e impulsar en este sentido el trabajo político y sindical por un empleo con derechos.

7º. Fomentar modos de vida menos consumistas y más solidarios, porque si entre los trabajadores dominan estilo de vida consumistas será muy difícil la solidaridad y que luchemos por mejorar las condiciones de trabajo de los que peor están y por el respeto a la dignidad de todos los trabajadores.

8º. Promover en las comunidades eclesiales la preocupación, el conocimiento y la solidaridad con los trabajadores y trabajadoras de la economía sumergida.

¿Quién lo ha de hacer?

Los trabajadores y las trabajadoras hemos de tener clara conciencia de que las situaciones que padecemos sólo cambiarán si hacemos algo por cambiarlas. Es cierto que hemos de pedir una más decidida actuación política y sindical contra la economía sumergida y por un trabajo con derechos. Pero esto será más posible en la medida en que los trabajadores y trabajadoras nos impliquemos más, por ejemplo, en los sindicatos. Y también es cierto que todos podemos y debemos aportar algo para colaborar a que, propuestas como las que aquí se hacen, avancen en ser realidad en nuestros lugares de trabajo, en nuestros barrios, en nuestras familias, con nuestros amigos, en nuestras parroquias.



 

HOAC - COMISIÓN PERMANENTE
ALFONSO XI, 4 - 4º · 28014 MADRID
Tlf.: 91 701 40 87 FAX: 91 522 74 03
e-mail: organizacion@hoac.es