Si miramos la realidad de nuestra sociedad podemos ver en ella cosas positivas: la capacidad que tenemos de producir bienes, los derechos sociales, la conciencia sobre los derechos humanos, la generosidad y entrega de muchas personas en su barrio, en su trabajo, en el sindicato, en diversas causas solidarias, etc. Pero podemos ver también cómo existe mucha pobreza, grandes desigualdades, manifiestas injusticias, muchísimas personas que no pueden vivir dignamente... Si miramos en concreto al mundo obrero, podemos ver el sufrimiento que provocan el paro, el trabajo precario, en malas condiciones, cómo se pierden derechos adquiridos con muchísimo esfuerzo...
La explotación del mundo obrero
Una de las causas fundamentales de este sufrimiento está en la forma en que se organiza el trabajo, en la forma en que son tratados el trabajo y la persona del trabajador. En nuestra sociedad capitalista el trabajo es tratado como si fuera una mercancía, que se compra y se vende en el mercado por un precio, que es el salario. Este hecho da lugar a la situación del mundo obrero, que es una situación de explotación y dependencia.
Para poder sobrevivir los trabajadores necesitan trabajar para otros a cambio de un salario; pero los trabajadores no deciden sobre su trabajo, no tienen capacidad de decidir cómo organizar su trabajo, cómo trabajar, -son quienes compran su fuerza de trabajo quienes lo deciden-; los trabajadores no son dueños del fruto de su trabajo, que se lo queda quien les paga un salario para obtener de él rentabilidad económica. El trabajador depende de la voluntad de otros para trabajar o estar parado, para tener mejores o peores condiciones de trabajo; depende en definitiva de las leyes del mercado, de ser más o menos competitivo y rentable.
Esta situación de explotación y dependencia dificulta al mundo obrero, a los trabajadores y sus familias, ser dueños de sus propias vidas y poder realizarse como personas. Unos trabajadores sufren más que otros las consecuencias de esta situación (los menos "rentables"), pero la situación es común a todo el mundo obrero.
Para construir una sociedad más acorde con la dignidad de las personas es necesario cambiar esta forma de concebir y organizar el trabajo que es la causa de muchas de las formas de pobreza que existen en nuestra sociedad.
Necesitamos otra cultura
Para cambiar las cosas son necesarios programas concretos de acción que sean realizables aquí y ahora. Medidas concretas que vayan combatiendo los efectos y las causas de la desigualdad, la injusticia, la explotación. Pero es necesaria otra cosa muy importante: que las personas deseemos otra sociedad y que estemos dispuestas a esforzarnos por construirla junto con los demás. Esto es decisivo. Si no vivimos otros deseos, otros valores, otras formas de entender la realidad, otros estilos de vida, no construiremos una sociedad distinta. Ni siquiera nos daremos cuenta de que es necesario hacerlo porque cerraremos los ojos al sufrimiento de tantas personas en nuestro mundo. A esos deseos, valores, ideas, formas de entender la realidad, actitudes, estilos de vida, es a lo que llamamos cultura.
El mundo obrero, para superar su situación de explotación y dependencia, necesita una cultura distinta de la que domina en nuestra sociedad.
Una de las cosas que más dificultan hoy el caminar hacia una sociedad más humana, es precisamente que muchos de nosotros hemos ido asumiendo una cultura que colabora poderosamente a mantener las cosas como están. Por ejemplo: hemos ido asumiendo que buscar el interés de cada uno es lo que nos conviene y lo que nos hace felices; que lo más importante es consumir mucho para vivir lo mejor posible; que lo mejor es despreocuparse de cómo se organiza la sociedad, que para eso están los políticos; que el trabajo no es más que un medio de ganar dinero; que hay que ser competitivos, etc. y así vamos organizándonos una vida cerrada a los demás. Para vivir humanamente y crecer de verdad como personas, necesitamos otros deseos, otros valores, otras formas de pensar, otra forma de vivir.
Necesitamos al movimiento obrero
Si miramos la historia del mundo obrero, podemos ver que para luchar contra su situación de explotación y dependencia, en su seno nació el movimiento obrero, nacieron las organizaciones obreras que han dado muchos frutos para ese mundo. En la historia del movimiento obrero ha tenido mucha importancia la tarea cultural, la labor de promoción del mundo obrero. Hoy las organizaciones obreras necesitan recuperar la importancia de ese trabajo cultural.
Estamos convencidos de que el movimiento obrero pude aportar mucho al mundo obrero si recupera con fuerza su tarea de promover en ese mundo otros deseos, otros valores, otros estilos de vida.
Los trabajadores necesitarnos fortalecer el movimiento obrero, participando en las organizaciones obreras y trabajando por poner en el centro de sus planteamientos y actuación:
- La cultura de la solidaridad desde las necesidades y derechos de los sectores más explotados, débiles y empobrecidos del mundo obrero, frente a la tentación del corporativismo.
- El internacionalismo solidario desde la vocación a la fraternidad universal, frente a la tentación del consumismo.
- La defensa de la dignidad del trabajo como instrumento para construir la sociedad y para la realización de la persona, frente a la mercantilización del trabajo y su reducción a instrumento para la rentabilidad económica.
- El impulso ético como fundamento de la acción, frente al cálculo egoísta de la propia conveniencia.
Necesitamos a Jesucristo
En la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) estamos convencidos de que la Iglesia tiene hoy algo importante que aportar al mundo obrero para colaborar a construir en él esa nueva cultura: a Jesucristo y su Evangelio. En la Doctrina Social de la Iglesia podemos encontrar muchos elementos para orientar la vida social en un sentido más humano. En Jesucristo podemos encontrar el fundamento para construir nuestra vida desde otros deseos, otros valores y otra manera de pensar, que nos impulsan a construir una sociedad más humana en la que los trabajadores sean tratados y puedan vivir como lo que son: personas.
Asumiendo como propia la situación del mundo obrero, sus necesidades, su tradición de lucha, sus organizaciones, sus valores, creemos los militantes de la HOAC que en el mundo obrero necesitamos plantearnos una forma de vivir que tenga en cuenta lo siguiente:
1°.- Que la persona, por ser hija de Dios, es siempre lo más importante y éste es el criterio fundamental para valorar todo. En lo que le ocurre al mundo obrero, lo fundamental es que se niega esta dignidad de la persona, porque se la utiliza como instrumento para la rentabilidad económica, Podremos construir una sociedad más humana sólo en la medida en que busquemos ir creando las condiciones sociales para que cada persona y todas las personas sean lo más importante y sujetos protagonistas de la vida social,
2°.- Que es fundamental el reconocimiento del valor y dignidad del trabajo, que nace del hecho de que quien trabaja es una persona y su trabajo instrumento para hacer del mundo un lugar habitable para todos y para la propia realización como personas, El trabajo es un medio de participar en la tarea creadora de Dios, !Por eso hay que reconocer y reivindicar la dignidad de ser obrero y luchar porque el trabajo no sea tratado como una mercancía ni los trabajadores como instrumentos de producción. En este sentido, es muy importante que los trabajadores puedan decidir sobre el cómo y el para qué de su trabajo, viviéndolo como algo propio,
3°.- Que el sentido de la vida de las personas está en construir la comunión: las personas no somos seres aislados, sino que todos somos miembros de la familia humana, hijos de un mismo Dios Padre. Por eso, nos realizamos como personas en la medida en que vivimos la fraternidad. La verdadera tarea y sentido de nuestras vidas es colaborar a construir la comunión universal, una sociedad donde todos podamos vivir como personas, sintiéndonos responsables de los demás y compartiendo lo que somos. El verdadero progreso consiste en ir dando pasos en esa dirección, y ese es el camino de la felicidad y realización de las personas.
4°.- Que la comunión sólo se construye desde la solidaridad con los empobrecidos, que nace del amor a las personas. Un amor que mueve a cambiar todo lo que se opone a la comunión, a cambiar las estructuras injustas, las mentalidades individualistas e insolidarias, y nuestras propias tendencias egoístas. Amor que se manifiesta en la lucha contra la injusticia, contra todo lo que sea utilización del ser humano. Amor que despierta la pasión por los empobrecidos, que es el criterio fundamental que puede hacer de nuestra vida una vida con sentido y que nos empuja a construir una sociedad más humana. Porque no se trata de tener "también" en cuenta las necesidades y derechos de los empobrecidos, sino de planteárnoslo todo desde sus necesidades y derechos.
5°.- Que vivir con austeridad y al servicio de los demás nos hace más felices y humanos, es decir, que el mejor camino de realización como personas es vivir la pobreza voluntaria, la disposición a compartir lo que uno es y tiene con los demás, a vivir una vida sencilla, austera y centrada en ser con los otros, en aportar lo que cada uno puede -en el barrio, en la empresa, en la familia, en el sindicato para construir una sociedad de hermanos, y no encerrados en nosotros mismos y buscando tener cosas por encima de todo. Esta manera de vivir nos hace más libres, humanos y felices, y nos posibilita caminar hacia una sociedad donde todos podamos vivir dignamente y crecer como personas.
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