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Gonzalo Ruiz, presidente de la HOAC: «Los jóvenes no pueden resignarse a la precariedad laboral»

28 julio 2017 | Por

Gonzalo Ruiz, presidente de la HOAC: «Los jóvenes no pueden resignarse a la precariedad laboral»

JOSÉ LORENZO VIDA NUEVA. Gonzalo Ruiz no ha podido disfrutar mucho de su jubilación, a la que accedió en septiembre del año pasado tras cuarenta años como maestro de Educación Primaria. El próximo 4 de septiembre, este granadino, casado y con dos hijos, renueva su compromiso de militante cristiano como presidente de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), cargo para el que fue elegido en el Pleno General celebrado los días 8 y 9 de julio en Ávila.

¿Sigue siendo necesaria la HOAC para evangelizar el mundo obrero?

Pienso que sí. La situación es mucho peor ahora que hace unos años. El empobrecimiento, la precariedad de muchas familias obreras es hoy límite. En esta situación de deterioro humano es más necesaria que nunca la existencia de la HOAC, acompañando, compartiendo, apoyando a estas personas a salir de esta situación; luchando contra las injusticias y por la consecución de unas condiciones de vida que les permitan vivir con dignidad. Todo eso pasa por reivindicar un trabajo digno y con derechos.

¿Y cómo se hace eso en una sociedad que da la espalda a Dios y que, además, ha perdido esa conciencia obrera?

No es nada fácil. Hay que acercarse con enorme respeto y humildad, haciéndoles ver que lo que les ocurre no es por casualidad, sino consecuencia de cómo está organizada esta sociedad, donde el afán de lucro y el dinero son los ejes desde los que pivota el sistema económico y social. En la que la persona no cuenta para nada, es un eslabón más al servicio del enriquecimiento y la obtención de beneficios. Muchos militantes de la HOAC viven y padecen estas condiciones de precariedad; por lo tanto, están encarnados en esta realidad. Desde ahí pretendemos acompañar, concienciando, difundiendo la cultura de la solidaridad que el mensaje evangélico nos propone. Pero esto no es tarea fácil. Son pequeñas gotitas en un océano inmenso.

¿Y hay que concienciar a la propia Iglesia de la necesidad de hacerse presente en el mundo del trabajo? ¿No se ha mirado en ocasiones a la HOAC con desconfianza?

En su mensaje con motivo del Día de la Acción Católica y el Apostolado Seglar, nuestros obispos nos decían que es muy importante “valorar el papel de los laicos para una Iglesia en salida. Hablar de laicado es significar una Iglesia que se encarna en la sociedad de hoy”. Desde nuestro carisma, eso significa que hay que encarnarse en la realidad del mundo obrero y del trabajo, porque gran parte de los problemas que aquejan a esta sociedad provienen de la falta de trabajo, del trabajo precario y muchas veces indigno. Acompañar a las personas en esas situaciones es tarea central de la Iglesia. Y, cuando no se conocen los problemas del mundo obrero y del trabajo, es lógico que se mire con desconfianza y lejanía. Cuando se conocen, enseguida se aprecia que hay mucha vida y muchos deseos para conseguir unas condiciones de vida dignas que ayuden a la persona a desarrollarse como hijos e hijas de Dios.

Tras el Pleno, en el que han participado 120 militantes llegados de las diversas diócesis españolas, ¿qué balance hace de la actividad desarrollada por la HOAC durante los últimos años?

Hemos hecho revisión de los dos últimos cursos, en los que hemos ido desarrollando los acuerdos y tareas aprobados en la XIII Asamblea General, celebrada en agosto de 2015. El balance es positivo. Hemos revisado el plan de trabajo del bienio 2015-2017, también se ha valorado la campaña «Trabajo digno para una sociedad decente», hemos aprobado una propuesta de renovación de nuestro periódico «¡Tú!» y el plan de trabajo para el próximo bienio.

¿Y cuáles son las líneas de trabajo adoptadas para los próximos dos años?

Se ha llevado a cabo lo planteado en el plan 2015-2017, avanzando en la vivencia de las propuestas de vida y acción que aprobamos en la XIII Asamblea General. En concreto, se ha hecho hincapié en los procesos de acompañamiento y formación de las personas de nuestros ambientes de trabajo y vida, en el cultivo de nuestra espiritualidad, en nuestras prácticas de comunión de bienes, vida y acción con las personas del mundo obrero y del trabajo; y en el impulso de nuestro Quehacer Apostólico Comunitario, sobre todo con el desarrollo de la campaña «Trabajo digno para una sociedad decente», que comenzó en 2015 y que hemos renovado por otro bienio. Así pues, el balance es positivo y en el próximo bienio seguiremos impulsando estas líneas de acción, intentando avanzar y profundizar en el camino emprendido.

Uno de los colectivos que más sufren esa falta de trabajo digno es el de los jóvenes. ¿Cómo se llega a esa parte de la población que más está sufriendo la precarización derivada de la crisis económica y financiera vivida en la última década?

Al hablar de los jóvenes, y en una sociedad muy secularizada, la situación es aún más difícil. Pues ellos están aún más precarizados que sus mayores. Pero la forma de llevarles el mensaje del Evangelio es la misma: cercanía y acompañamiento. Haciéndoles ver que no pueden resignarse a seguir así, que tienen que ser protagonistas de su futuro, que hay que pelear y luchar por que la vida tenga sentido. Pero esto hay que hacerlo desde el acompañamiento, desde la cercanía. Mostrándoles que es posible vivir de otra manera, desde la comunión y la solidaridad. Ayudándoles a preguntarse qué les pasa y por qué les pasa, para, desde ahí, ir buscando respuestas en las que ellos sean los actores de ese proceso.

El papa Francisco habla continuamente de la importancia de dignificar el trabajo. ¿Le ayuda a la HOAC en su tarea apostólica coincidir con el diagnóstico de este Papa, convertido en referente moral mundial?

Francisco dice que «el mundo del trabajo es una prioridad humana. Y, por lo tanto, es una prioridad cristiana». Que el Papa insista continuamente en esto contribuye notablemente a que en la Iglesia vaya creciendo la sensibilidad y dando mayor importancia al trabajo y a su dignidad como condición sine qua non para conseguir que las personas vivan con dignidad. Lo que indudablemente aportan las palabras y escritos de Francisco sobre la importancia del trabajo y su dignidad es que soportan, profundizan, ejemplifican, muestran de manera rotundamente clara y pedagógica que la opción por el trabajo digno es central para cualquier sociedad y para la Iglesia. Que el papa Francisco diga todo eso sobre el trabajo y su dignidad significa que no es algo que han de defender y proclamar solo la HOAC o los movimientos especializados de la Acción Católica, sino que es algo nuclear para la vida y misión de la Iglesia.

¿Cómo son las relaciones de la HOAC con los sindicatos? ¿Les tienen en consideración, establecen puentes para colaborar o les miran por encima del hombro?

Las relaciones son de respeto y de consideración mutua. Cuando nos reunimos con ellos, les hacemos llegar nuestra preocupación por la situación de los trabajadores empobrecidos, los precarios, los que están en situación de desempleo. Les pedimos que no se olviden de los trabajadores y trabajadoras que están en peor situación y que, por ello mismo, son más débiles y vulnerables. Pensamos que la tarea de los sindicatos es fundamental para que las condiciones de trabajo sean dignas y permitan a los trabajadores vivir con dignidad. Conseguir unas condiciones de trabajo dignas es esencial para que nuestra sociedad sea decente.

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