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El papa Francisco vuelve a animar la Pastoral Obrera

17 julio 2017 | Por

El papa Francisco vuelve a animar la Pastoral Obrera

Antonio Algora* | Una vez más el papa Francisco nos sorprende con sus gestos de cercanía y atención pastoral a los distintos ámbitos de la vida humana, en este caso y con motivo de la visita a Génova en Italia. El encuentro con los trabajadores de la siderúrgica italiana Ilva, empresa que está en el ojo del huracán de la reconversión y el juego de fuerzas económicas en el seno de Europa.

Con su visita a este centro de trabajo el Papa subraya la importancia de tener como ámbito de evangelización esta realidad que es el mundo del trabajo. Estas son sus palabras: «Hago una premisa. La premisa es: el mundo del trabajo es una prioridad humana. Y, por lo tanto, es una prioridad cristiana, una prioridad nuestra, y también una prioridad del Papa».

Sentimos desde la Pastoral Obrera un especial agradecimiento, no solo por el apoyo que significan sus gestos, sino también por las razones que aporta en sus intervenciones: «He aceptado la propuesta de tener este encuentro hoy, en un lugar de trabajo y de trabajadores, porque también estos son lugares del pueblo de Dios. Los diálogos en los lugares del trabajo no son menos importantes que los diálogos que hacemos dentro de las parroquias o en las solemnes salas de convenciones, porque los lugares de la Iglesia son los lugares de la vida y en consecuencia también las plazas y las fábricas. Porque alguien puede decir: “Pero este sacerdote, ¿qué nos está diciendo? ¡Váyase a la parroquia!”. No, el mundo del trabajo es el mundo del pueblo de Dios: todos somos Iglesia, todos pueblo de Dios».
Es en este punto donde me gustaría incidir puesto que con toda rotundidad nos habla del mundo del trabajo como lugar del pueblo de Dios que es necesario atender, lugar de encuentro de Dios con los hombres, lugar donde se gestiona el elemento más importante de la vida del ser humano: el trabajo.

Son, por desgracia, muchos los que han puesto en duda la necesidad de un apostolado que se haga presente en los centros de trabajo además del testimonio personal y privado que ha de darse siempre. Y no son pocos los que, dado que la dificultad de decir una palabra acertada sobre los problemas tan complejos por los que pasa el mundo laboral es grande, prefieren refugiarse en los más cómodos y cálidos espacios parroquiales y comunitarios para hacer y decir que es ahí dónde se tiene que realizar el Apostolado Seglar.

Repito mi agradecimiento al papa Francisco porque nos ha dicho con el gesto y la palabra, con toda claridad, que el mundo del trabajo es un espacio dónde se debe hacer presente la Iglesia a través de los mismos trabajadores para llevar a cabo la tarea de la evangelización, que supone la atención a las condiciones del trabajo y las más que deterioradas relaciones laborales que facultan o dificultan el desarrollo integral de la persona.

Trabajo y democracia

También se fija el Papa, y esto contiene una gran verdad, que es en el mundo del trabajo, dónde se juega el pacto social y la democracia misma: «El trabajo es amigo del hombre y el hombre es amigo del trabajo, y por esto no es fácil reconocerlo como enemigo, porque se presenta como una persona de casa, también cuando nos golpea y nos hiere. Los hombres y las mujeres se nutren del trabajo: con el trabajo están “ungidos de dignidad”. Por esta razón, en torno al trabajo se edifica el entero pacto social. Este es el núcleo del problema. Porque cuando no se trabaja, o se trabaja mal, se trabaja poco o se trabaja demasiado, es la democracia la que entra en crisis, es todo el pacto social. Es también este el sentido del artículo 1 de la Constitución italiana, que es muy bonito: Italia es una República democrática, fundada en el trabajo».

No es menos importante para nosotros el artículo 35 de nuestra Constitución donde se afirma que «todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo». Y que desarrolla lo dicho en el Preámbulo de nuestra Carta Magna cuando habla de: «Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo».

Sí, el pacto social está en juego y a construirlo nos deberemos dedicar con nuestras mejores fuerzas. Pero, ¿cómo hacerse presente la Iglesia en el, tan importante, mundo del trabajo. Evidentemente no es suficiente, con ser imprescindible, el testimonio personal dejado a la espontaneidad de la circunstancia y el momento de cada cual.

Creo que debemos considerar la mayor importancia de nuestros movimientos apostólicos en cuanto que están llamados a formar a sus miembros en el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia y en la aplicación a las reglas de juego que operan en las relaciones laborales y que son consecuencia de las políticas del momento, de la confluencia de fuerzas económicas y sociales defendidas por empresarios y sindicatos.

Tener por una parte una visión lo más clara posible de «lo que está pasando» en expresión del papa Francisco, elaborar el juicio que desde el humanismo cristiano puede contribuir a la solución de los problemas, y actuar en la esfera pública como tales asociaciones dentro del concierto democrático que nos hemos dado en la sociedad civil, debe ser garantía de acierto en el compromiso personal para el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo.

Acompañamiento

Además, no es menos importante el acompañamiento a los miembros de nuestros movimientos apostólicos para formarse en una espiritualidad que exige tomas de postura no siempre fáciles y que solamente desde la presencia de Jesucristo vivida en el estudio de la Palabra de Dios, en la participación de los sacramentos y en el amor fraterno de nuestros equipos pueden sostener e impulsar a la acción dentro del mundo del trabajo.

La Iglesia se hace presente en el concierto social no solo por la visibilidad de nuestros templos en nuestros barrios y ciudades, sino por la realidad de los miembros del pueblo de Dios en los ambientes laborales. El Concilio Vaticano II entendió que dentro de la variedad de asociaciones en el seno de la Iglesia «unas se proponen el fin general apostólico de la Iglesia; otras, buscan de un modo especial los fines de evangelización y de santificación; otras, persiguen la inspiración cristiana del orden social; otras, dan testimonio de Cristo, especialmente por las obras de misericordia y de caridad». Pues bien, esa «inspiración cristiana del orden social» exige organización y efectividad solamente alcanzables por los movimientos apostólicos.

El pacto social y la democracia va adelante cuando se ocupa el espacio público con solvencia y responsabilidad.

* Antonio Algora es obispo emérito responsable de Pastoral Obrera

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