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La HOAC y la huelga de bandas

07 diciembre 2016 | Por

La HOAC y la huelga de bandas

Román Bilbao Arrospide |  El 30 de noviembre de 1966 se inició la huelga de laminación de bandas de Etxebarri, en Bizkaia, que fue la más larga del Movimiento Obrero durante el franquismo.

Persistió desde el 30 de noviembre de 1966 hasta el 15 de mayo de 1967[1]. Fueron 163 días de lucha obrera contra el capitalismo fascista del Estado, que merecen ser recordados y conmemorados por todos los que, de una manera u otra, estuvimos comprometidos con aquel acontecimiento; y también por las personas que actualmente buscan y luchan por unas condiciones de trabajo más justas, dignas y estables.

Un aspecto muy importante de la «Huelga de Bandas» fue la capacidad de tejer redes de apoyo en la lucha de los huelguistas, tanto entre la clase obrera, como en las familias obreras, en los barrios y en la Iglesia de Bizkaia a través de los militantes de la JOC y HOAC. Esto último está ampliamente documentado en otro sitio[2].

Por aquellos años, en la diócesis de Bilbao, los movimientos apostólicos obreros de la HOAC y la JOC contaban con muchos militantes y muy implicados en las reivindicaciones y luchas obreras. Si a esto unimos la presencia de un grupo muy activo de militantes de la HOAC en Bandas, comprenderemos la gran implicación que tuvieron los jocistas y hoacistas de Bizkaia a lo largo de la huelga. El historiador, José Antonio Pérez, comentado este fenómeno, afirma lo siguiente: «A lo largo del conflicto se produjo un apoyo manifiesto a la huelga por una gran parte de las parroquias de la zona. Diversos grupos católicos como la HOAC y la JOC desarrollaron un papel fundamental en la organización de la huelga y en el apoyo logístico. Hasta tal punto fue así, que la configuración del conflicto, e incluso la del propio movimiento obrero vizcaíno en su conjunto, resultaría incomprensible sin su participación. La aportación de la Iglesia no se concretó solamente en la cesión de unos locales determinados y unas infraestructuras que posibilitaron la publicación y difusión de las famosas «hojas informativas». El «blindaje de la sotana»[3] se convirtió en uno de los apoyos más significativos, tanto por su aportación material como por el gran calado interno de su carácter colectivo, cultural y sociológico».

El papel de la HOAC en el desarrollo de la huelga se estructuró en diversos planos: desde los propios militantes representados en el Jurado de Empresa –los resultados de las elecciones les habían otorgado una importante presencia–, hasta el ofrecido por las parroquias y conventos repartidos a lo largo de la zona del alto Nervión. La HOAC supo aprovechar su situación de legalidad para realizar tareas de coordinación.

Así lo atestiguan algunos informes de la policía[4]: «El movimiento HOAC está enviando unos escritos en forma de carta a los distintos párrocos, para que hagan colectas, dentro o fuera del templo con el fin de allegar fondos para el mantenimiento de los trabajadores y familias de laminación de bandas en frío que se encuentran en paro […] También hacen difundir –y con el mismo destino– otro escrito a multicopista, en el que se reflejan las vicisitudes por las que ha atravesado dicho conflicto»[5].

Hubo, también, otros campos en los que militantes de la HOAC y sacerdotes trabajamos conjuntamente. De entre ellos quiero hacer mención a dos: primero, acudir a la puerta de la cárcel de Basauri con el fin de recabar información de los que ingresaban en ella y de los que salían desterrados; segundo, hacer de «taxistas gratuitos», a fin de que las familias afectadas por los destierros pudieran encontrarse y compartir unas horas.

Unos años más tarde el teólogo durangués, Ángel Mari Unzueta en su tesis doctoral, realizó una valoración eclesiológica de las implicaciones de la JOC y la HOAC de Bizkaia en el mundo obrero y testificó lo siguiente: «Las relaciones de la Iglesia local de Bilbao con el mundo obrero estaban determinadas por la presencia de los movimientos especializados de la Acción Católica en dicho ambiente. En ningún otro campo se vivieron de modo más vehemente el encuentro, el dialogo y el contraste entre el mensaje cristiano y el entorno social en que debía ser anunciado. Por una parte, el mundo obrero, desde su propia autonomía, suponía un reto para la acción evangelizadora de la Iglesia; ésta, por su parte, necesitada de una presencia misionera en el ámbito obrero, enviaba a los militantes de los movimientos especializados como evangelizadores de su propio ambiente»[6].

Tras lo dicho hasta aquí, paso a hacer un breve apunte sobre lo que supuso para mí, como cura y consiliario de la HOAC, la cercanía y la solidaridad con los obreros afectados. Escucharles en las asambleas, acompañar a sus familias en la puerta de la cárcel, sacar las famosas «hojas», ver como crecía la solidaridad en torno a los obreros de Bandas,… fue una experiencia que fortaleció mi opción por la HOAC. El ir a Sestao unos años después, poner en marcha, tras la crisis de los movimientos apostólicos, la refundación de la HOAC en la diócesis de Bilbao e inaugurar, tras la Asamblea Diocesana (1984-1987), el Secretariado de Pastoral Obrera (1990) han sido frutos de la semilla sembrada en el grupo de Jesús Obrero y que fue abonada, entre otras cosas, por la Huelga de Bandas vivida en dos barrios del «Cinturón de Bilbao».

Lo he dicho muchas veces: conocer la HOAC y mi primer destino de cura han sido dos de las mejores cosas que me han pasado en la vida como sacerdote.

 

[1] Así aparece en el libro Nuestra Huelga. Ediciones Ruedo Ibérico. En otras publicaciones suele aparecer las fechas 28 de noviembre y 16 de mayo. Año 1968. Por ejemplo, en el libro de Máximo Mata Hernando. La huelga de Bandas (Análisis de un conflicto laboral). Editorial ZYX. Colección Lee y discute. Serie Roja nº 26. Madrid 1967
[2] En el Cuaderno Héroes del Trabajo…
[3] Esta expresión está tomada de la comunicación presentada por A. Artiles Martín «Del blindaje de la sotana al sindicalismo aconfesional» (Breve introducción a la historia de la Unión Sindical Obrera, 1960-1975).
[4] Nota informativa remitida por el Cuerpo Superior de Policía de Bilbao, con fecha 14 de febrero de 1967.
[5]José Antonio Pérez. o. c, páginas. 300 y 301.
[6] Ángel Mari Unzueta. Recepción de la eclesiología conciliar en la Diócesis de Bilbao. Desclée de Brouwer. Bilbao. Año 1994, página 210.

 

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