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Democracia y justicia

10 diciembre 2015 | Por

Democracia y justicia

Las elecciones generales del 20 de diciembre se celebran en un contexto de notable confusión e incertidumbre política. Parece claro que algunas cosas van a cambiar: no habrá ninguna mayoría absoluta, nuevas formaciones políticas se incorporarán al Congreso y al Senado, serán necesarios acuerdos para formar gobierno y capacidad de diálogo desde la diversidad… Pero, en realidad, ¿qué va a cambiar? Conviene que todos nos hagamos esta pregunta, porque lo que vaya a ocurrir en un futuro depende mucho de cómo nos situemos, de qué hagamos, de por qué trabajemos…, pues la política no es cosa solo de los partidos, es cosa de todos. De ahí que para responder a esa pregunta sea tan importante hacernos estas otras: ¿en qué dirección necesitamos cambiar?, ¿qué estamos dispuestos a hacer para caminar en esa dirección?

Lo que necesitamos es situar la justicia en el centro de nuestra democracia, porque si no es así la democracia se convertirá cada vez más en una palabra vacía, sin contenido, sin fundamento… Si no ponemos en el centro la justicia, no cambiará nada importante. Cambiarían, si acaso, las apariencias pero no la realidad, porque, en palabras del papa Francisco, la realidad comenzará a cambiar cuando nos «duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres» (Evangelii Gaudium, 205).

Avanzar en situar la justicia en el centro de nuestra democracia significa cosas como las que han planteado nuestros obispos en su documento Iglesia, servidora de los pobres. Entre ellas:

1º.- Afrontar como la tarea más importante vencer las causas estructurales de las desigualdades y de la pobreza: «En este periodo de crisis se han ido acentuando las desigualdades sociales, debilitando las bases de una sociedad justa. Esta realidad nos está señalando la tarea: nuestro objetivo ha de ser “vencer las causas estructurales de las desigualdades y de la pobreza”, como pide el papa Francisco» (ISP, 2).

2º.- Cambiar el modelo económico, abandonando la ceguera del crecimiento como fin en sí mismo y situando como objetivo un proyecto común de justicia social y solidaridad: «Aspectos como la lucha contra la pobreza, un ideal compartido de justicia social y de solidaridad –que debería centrar nuestro proyecto común como nación–, se sacrifica en aras del crecimiento económico (…) Si la crisis se ha desencadenado entre nosotros con rapidez, ha sido en gran medida por dar prioridad a una determinada forma de economía basada exclusivamente en la lógica del crecimiento (…) Sin duda, es el modelo mismo el que corresponde revisar» (ISP, 20).

3º.- Situar como objetivo central el trabajo digno, para combatir la pobreza y la desigualdad, y para respetar y promover la dignidad de las personas: «La política más eficaz para lograr la integración y la cohesión social es, ciertamente, la creación de empleo. Pero, para que el trabajo sirva para realizar a la persona, además de satisfacer sus necesidades básicas, ha de ser un trabajo digno y estable (…) La apuesta por esta clase de trabajo es el empeño social por que todos puedan poner sus capacidades al servicio de los demás (…) La política económica debe estar al servicio del trabajo digno» (ISP, 32).

4º.- Impulsar una regeneración moral para recuperar el valor del bien común al servicio de la dignidad de las personas: «Es necesario que se produzca una verdadera regeneración moral a nivel personal y social y, como consecuencia, un mayor aprecio por el bien común, que sea verdadero soporte para la solidaridad con los más pobres y favorezca la auténtica cohesión social» (ISP,11).
Hay demasiadas cosas que nos pueden despistar de lo que es fundamental y más importante. Conviene que nos centremos en lo esencial y lo más necesario para que cambien no solo las apariencias sino la realidad de sufrimiento y de necesidad de tantas personas y familias. Es decisivo centrarnos en la justicia a la hora de valorar las diversas propuestas que se nos hacen desde los partidos políticos y de decidir el sentido del voto, pero también de comprometernos más en construir más humanidad en la vida social en nuestros ambientes cotidianos y en las instituciones de las que formamos parte.

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