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De asamblea con la prole

02 septiembre 2015 | Por

De asamblea con la prole

José Luis PalaciosMás de 130 niños y niñas, adolescentes y jóvenes, de cero a 26 años, acuden con sus padres a la Asamblea General de la HOAC en Segovia. Vayan «a rastras» o vayan «contentos», a buen seguro será una experiencia inolvidable para todos y todas.

David, de 16 años, hijo de Juan Fran Garrido y Mari Mar León, militantes de Córdoba, reconoce que al principio «no quería ir» pero, ya que no puede «quedarse en tierra», acompañará a sus padres, dispuesto a «pasarlo bien». Algunas de sus vivencias serán positivas; otras, negativas; y también las habrá agridulces. Como en la vida misma, por otra parte. Motivada desde el principio, acude Amanda, de 17 años, natural de Gáldar (Canarias), hija de los también militantes de la HOAC, Iñaki Velasco y Fátima Díaz. Ya estuvo en la asamblea anterior, la número 12, y el recuerdo de haberlo pasado bien le lleva a tener «ganas de volver».

Pasarse el puente de agosto cerca de unos 1.000 adultos enfrascados en debates, reflexiones, votaciones y celebraciones no suena de lo más apetecible, a simple vista. Desde luego, no es precisamente lo más habitual. Medio en broma, medio en serio, David afirma de sus padres que «están locos», y no solo por gastar días de vacaciones en familia en un encuentro de estas características, sino también porque «son gente con una gran dedicación y un gran compromiso que poca gente tiene», lo que, intuye, tal vez les resta energías para «otras cosas que también son importantes».

Coincide con él Pau, de 14 años, hijo del militante de Barcelona José Bazoco y de Inma Reoyo, al señalar la singularidad que supone el afán por reunirse, de hablar de cosas importantes y de ocuparse de cómo mejorar la sociedad: «los padres de mis amigos no suelen tener tiempo para estas cosas….». Para explicarle en qué anda metido su padre a esos amigos se agarra a una explicación convincente: «Es un grupo de gente que quiere hacer una buena acción social, tanto con inmigrantes y con otras personas machacadas, como con grupos de trabajadores».

La decisión de sus mayores de acudir a un evento de cuatro días, en mitad del tiempo estival, es fruto de una opción consciente, firme y libre por construir una organización asamblearia, inclusiva y sensible al sufrimiento de las familias trabajadoras, compuesta por personas que quieren reconocerse y ser reconocidas como seguidoras de Jesucristo. Suena difícil de explicar a las personas más pequeñas, pero algún día estarán en condiciones de entender que es el momento reservado por sus mayores para tomar las riendas de la asociación a la que pertenecen y acercarse así al ideal de vida escogido.

Después de todo, como explica la más mayor entre la prole de los asambleístas, Ana, de 26 años de edad, hija del militante de Sevilla Manuel Loza y Mari Ángeles, habitantes del Polígono Sur, la HOAC no es más ni menos que «un grupo de gente de toda España, muy metida en barrios como el mío, que intentan mejorar la vida de sus vecinos siguiendo el ejemplo de la vida de Jesús». Las tablas que se intuyen tras la respuesta proceden de su ingreso en la JOC a la que pertenece en estos momentos.

Todos los consultados hablan bien –será por la cuenta que les trae– de las personas que identifican como miembros de la HOAC: «La gente que conozco siempre me ha tratado muy bien, con mucho cariño y cuando organizan cualquier cosa, sé que tengo la diversión asegurada», comenta la canaria Amanda. «Me parecen grandes personas, que se plantean las cosas de manera diferente», añade el cordobés David. Pau considera que «es gente muy amable y cuando nos vemos, cuatro o cinco veces al año en actos organizados en Barcelona, se interesan por mí». En pocas palabras, las usadas por la mayor de los hijos de militantes, Ana, de Sevilla, se podría concluir que se trata, en general, de «personas buenas, muy activas y muy participativas, que ayudan a la gente…».

No obstante, hay asuntos que les provocan cierto desasosiego, como son el alojamiento, la comida, la organización de las actividades pensadas para ellos, los horarios… En el caso de David, por ejemplo, mediatizado por sus recuerdos de la asamblea anterior, seis años atrás. «En Madrid había muchísima gente, muchos niños de muchas edades y todo me pareció muy grande…», justifica. Quien no cuenta con referencias previas, ha oído comentarios de veces pasadas, como Ana, a la que le han hablado de «los horarios, el calor que hacía, la guardería llena de niños…». Con deportividad, Pau, jugador de las categorías inferiores del Círcol Catòlic de Badalona, confiesa que «cuando sales de casa, ya sabes la comida que te puedes esperar».

Con todo, la preocupación es menor que otras ocasiones, al saber que esta vez serán acogidos en hoteles que, aunque sean del interior del territorio y sea temporada baja en ellos, están acostumbrados a ofrecer sus servicios a colectivos muy numerosos. Pero lo que les atrae, más allá de los eventos lúdicos organizados por la Escuela Diocesana de Tiempo Libre de Segovia (EDETIL), es el contacto con la gente, sea conocida o desconocida, y las posibilidades que, sospechan, les abre la convivencia.

«Conozco a niños de aquí que van a estar en la asamblea, son ya como amigos. Lo vamos a pasar bien. Además, podré conocer gente de otras comunidades y puedo aprender de personas interesantes», aventura Pau, recién llegado de un campus de baloncesto. En sentido similar se expresa Ana, ahora de vacaciones tras un curso escolar muy intenso, quien, de partida, es consciente de conocer a mucha gente del barrio, a hijos de otras familias, incluso a primos, que estarán con ella: «tengo ganas de reencontrarme con personas que conocí en otras ocasiones, hemos preparado nuestra participación para el momento de fiesta y sé que nos vamos a divertir».

David, que disfruta de unos días de playa en familia, cree que se alegrará de «estar con la gente, de conocer gente nueva» y confiesa que, del contacto con los demás, «algo siempre aprendes». Aunque a la muy canaria Amanda le va a costar alejarse del clima y las playas de su isla, prevé disfrutar «cuidando y pasando tiempo con los niños pequeños, que me encantan».

Habrá quien no comparta sus expectativas y es de suponer que otras experiencias tendrán un signo bien distinto. De momento, y para regocijo, a ser posible breve y momentáneo, por si las moscas, de los padres de los mencionados, pueden detenerse a leer las opiniones expresadas por sus hijos.

«La HOAC es un movimiento que ya forma parte de mi familia, que nos ha llenado a todos en muchos sentidos a lo largo de los años. Mis padres tienen grandes amigos gracias a este movimiento», apunta encantadoramente Amanda. Pau, con una madurez insólita para alguien de su edad, juzga que le gustaría volver «de mayor» a una asamblea, porque supone que le gustaría que sus hijos «entren en contacto con gente interesante y puedan hablar sobre temas realmente importantes, en un ambiente de familia…».

El alegre David no ha podido dejar de confesar: «Ya sé cómo son mis padres. De hecho, hay otros familiares míos que también están en la HOAC, pero los quiero así como son». Por su parte, la sevillana Ana, con el peso que dan los años y la proximidad a varias familias hoacistas de su vecindario, termina con la esperanza de que la cita de verano sea «un momento interesante», lleno de «buenos ratos».

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