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Con nocturnidad y alevosía

28 diciembre 2014 | Por

Con nocturnidad y alevosía

Javier Madrazo Lavín  | La Unión Europea y los EE.UU. llevan negociando en secreto desde 2012 el llamado Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP sus siglas en inglés), que tiene como objetivo fundamental facilitar la inversión directa y la eliminación de obstáculos burocráticos, para facilitar el acceso al mercado a las empresas de ambos lados del Atlántico.

No estamos únicamente ante un acuerdo de carácter comercial, sino ante el intento de imponer un modelo político-económico (el capitalismo transatlántico) que reduzca a la mínima expresión los derechos de la ciudadanía, así como los logros sociales, laborales y medioambientales alcanzados, en beneficio de grandes trust de mercaderes.

El TTIP sigue la misma senda que el acuerdo que se firmó en Canadá en septiembre (CETA). Se conocen como acuerdos comerciales de nuevo tipo, porque incorporan mecanismos de regulación de las diferencias que existen entre empresas, inversores y estados. El mecanismo de arreglo de desacuerdos es conocido como ISDS (Investor state dispute settlement). Representa el elemento más perverso del tratado porque da tanto poder a las empresas que las sitúa en plano de igualdad con los Estados. Y en muchos casos estos mecanismos estarán (de aprobarse el tratado) por encima de las normativas de los diferentes países, bajo el argumento de la eficacia, de la sencillez y del buen funcionamiento del libre mercado.

Estas negociaciones son secretas y blindadas porque resultan difícilmente presentables. Resulta del todo preocupante comprobar cómo estas negociaciones tan importantes se están desarrollando de la forma más oscurantista, sin ningún tipo de transparencia, de espaldas a la ciudadanía, y dirigidas de facto, por las grandes corporaciones y representantes del lobby neoliberal. Nos encontramos ante un secuestro de la democracia por parte de una minoría de poderosos que está decidiendo a nuestras espaldas cómo va a ser nuestro futuro.

De hecho, el jefe de la delegación negociadora de la Unión Europea se comprometió por carta ante su homólogo estadounidense a que la Comisión Europea impedirá cualquier intento de acceso público a los documentos, o a cualquier tipo de soporte comunicacional que se genere en el proceso negociador. Y no solo eso, el compromiso incluye que esa documentación permanecerá secreta durante los próximos 30 años. Los europarlamentarios, responsables políticos del control de las negociaciones, solo pueden tener acceso a dichos textos en una sala especial habilitada al efecto. A dicha sala no pueden acceder con ordenadores, tableta, móviles, cámaras de fotos… Únicamente con folios y lápiz.

Si los efectos del tratado fuesen beneficiosos para el conjunto de la población (dicen que contribuirá a crear empleo y estimular el crecimiento económico), las élites poderosas no pondrían tanto empeño en mantener el proceso negociador fuera del alcance de la opinión pública y de sus representantes legítimos.

Es muy significativo que la defensora del pueblo europeo, en julio de este mismo año, haya puesto en marcha una investigación de oficio de la Comisión Europea y una consulta pública sobre la transparencia y participación pública en las negociaciones del TTIC.

Hay mucho en juego. No podemos permitir que con la aprobación de este tratado, la soberanía de los poderes públicos e instituciones democráticas quede cada vez más constreñida, limitada y subordinada en favor de los mercados y grandes poderes económico-financieros. Tenemos un año para hacer frente a este desafío y para proponer una política comercial basada en otros parámetros, criterios y objetivos.

Debemos exigir transparencia a la Comisión Europea y a los gobiernos de los Estados, para que pongan sobre la mesa lo que realmente se está «cociendo». No podemos dejar que corra el tiempo y que cuando reaccionemos sea demasiado tarde. Por eso es muy positivo que vayan apareciendo diversas plataformas socio-políticas de oposición al tratado (en todos los países de la Unión), que están jugando un papel muy importante en la sensibilización ciudadana (todavía muy baja) y en la movilización social en contra de un tratado que busca aumentar el poder y favorecer la avaricia de las multinacionales, en detrimento de la democracia y los derechos humanos . El objetivo de estas iniciativas es detener las negociaciones sobre el TTIC (Acuerdo para el Comercio y la Inversión entre la Unión Europea y EE.UU.), impedir la ratificación del CETA (Acuerdo Económico y Comercial con Canadá) y mostrar que otra Europa es posible. Una Europa de valores (libertad, igualdad y solidaridad) y una Europa de derechos (sociales, laborales, medioambientales).

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