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Nieves Ramos, Presidenta de las Empresas de Inserción: “Ante la primera dificultad no cerramos las persianas»

03 enero 2014 | Por

Nieves Ramos, Presidenta de las Empresas de Inserción: “Ante la primera dificultad no cerramos las persianas»

Nieves Ramos Rosario ocupa la presidencia de la Federación de Asociaciones Empresariales de Empresas de Inserción. Esta canaria es una apasionada de la naturaleza y la economía social, que un buen día se lío la manta a la cabeza para afincarse en Alicante y poner en marcha una entidad que da trabajo a personas en dificultades.

–¿Qué momento atraviesan las Empresas de Inserción de nuestro país?

–Es un momento de buena interlocución política, de consolidación de los territorios fuertes, como País Vasco y Cataluña, y de extensión de la federación con la creación de dos nuevas territoriales para completar el mapa de las 17 autonomías. Solo en La Rioja falta presencia. En el resto hay ya asociaciones constituidas, aunque en Navarra están pendientes de formalizar su integración y en Baleares y Murcia, más que una territorial, existe una coordinación.

–No debe ser fácil sobrevivir en un mercado tan cruel y en un momento tan delicado como el que atravesamos. ¿Cómo está afectando la crisis a estas entidades?

–Curiosamente las Empresas de Inserción están creciendo. Surgieron en la crisis de los años 80 cuando el mercado no podía acoger a las personas con dificultades de integración, gente que realizaba su proceso de formación y su itinerario personalizado de inserción pero no encontraba salidas. Se creó un instrumento para permitirles, a través del acompañamiento, acceder a un puesto de trabajo en el mercado normalizado. En este momento estamos en crisis. Entonces nos inventamos el instrumento y ahora ya está inventado, consolidado y valorado como una buena herramienta de inserción por lo económico. Funciona porque se combina la formación, el itinerario personalizado, tan individualizado como personas participan en estas empresas, y el contrato que te garantiza los derechos de ciudadanía. La crisis nos ha pillado con un instrumento muy consolidado, regulado, calificado por las comunidades autónomas, con una gente que es muy coherente y muy currante. Es otro modelo, es la economía social y solidaria que dice que el dinero es un medio, lo que importa es tener trabajo, para nosotras y nosotros y para quienes más lo necesitan, y para ello ponemos a trabajar nuestras capacidades.

–¿Cuáles han sido los últimos avances legislativos que pueden favorecer la extensión y el mantenimiento de este sector de la Economía Social?

–La gente aprendía un oficio en el mismo puesto de trabajo, pero hasta ahora no podíamos certificar esa formación. Desde septiembre de 2012, la reforma laboral tan nociva para el conjunto de trabajadores y trabajadoras, a nosotros nos han permitido realizar contratos de formación y aprendizaje, con una bonificación del 100% de la Seguridad Social, que es importante, pero sobre todo vinculado al certificado de cualificación de formación profesional. Cuando alguien termine su itinerario, tendrá un certificado que le dará un reconocimiento para desenvolverse en el mercado laboral o incorporarse de nuevo a la formación reglada.

–Con todo, no debe ser fácil cuando la actividad económica está tan parada y hay tanta gente que lo pasa mal…

–Algunas empresas lo pasan mal, hay dificultades del dinero circulante, las que estaban vinculadas la construcción están muy afectadas. Necesitamos hablar también de un nuevo modelo de producción y ver hacia dónde reorientamos algunas empresas. Pero no solo se mantienen muchas empresas y los empleos, sino que se están constituyendo nuevas en todos los sitios. Las entidades saben que los colectivos con los que trabajan no van a tener una oportunidad laboral sino es a través de estas iniciativas. Se resiste mejor, porque ante la primera dificultad no se cierran las persianas sino que se redistribuyen los salarios, los puestos de trabajo. No tenemos ni ánimo de lucro ni ánimo de pérdidas. Queremos tener beneficios, cuando los hay se redistribuyen, y cuando no, tenemos que reestructurar.

–El fin último es mejorar la empleabilidad de las personas en riesgo de exclusión y facilitarles el acceso al mercado de trabajo. Pero el empleo escasea…

–La mayor dificultad es poder llevar a la gente al mercado ordinario. Las empresas tradicionales siguen despidiendo. Estamos haciendo una campaña con las empresas, a través de un certificado privado –Empresas Responsables con la Inserción, ERI–, ya hemos dado los primeros pasos, y lo que queremos es premiar a las empresas por dos cosas: por la contratación de productos y servicios con empresas de inserción o por contratar directamente a personas que han terminado su itinerario con nosotros. Estamos sintiendo que la primera opción es más plausible y no nos importa aumentar la plantilla fija de nuestras Empresas de Inserción, donde tenemos un 50% de contratación indefinida, para aquellas personas que se encargan de llevar la empresa y hacer que funcione dentro de su sector y el otro 50% de personas en tránsito. Si no les podemos llevar al mercado ordinario o a los estudios, podemos ampliar la plantilla

–¿Qué papel demandáis de las administraciones públicas? ¿Hasta dónde llegan sus responsabilidades?

–Queremos que la Administración reconozca el certificado para que se le dé más puntos en los concursos públicos a aquellas empresas que hayan colaborado con empresas de inserción. Y luego estamos pidiendo reserva de mercado para empresas de inserción, que un porcentaje de los servicios que contrata vaya a parar a nuestras empresas. Hay que exigirle a la administración que cumpla con su responsabilidad corporativa. Ya hay experiencias muy valiosas como la del Ayuntamiento de Barcelona, el de Avilés, que son los que han ido más lejos, la comunidad foral de Navarra que reserva el 6% de los servicios públicos a la economía social…, y muchas más. Cuando entras a competir por la concesión de un servicio público te enfrentas a empresas grandes que hacen ofertas imposibles de asumir si queremos mantener los puestos de trabajo con dignidad y la propia actividad económica, porque, a veces, revientan el mercado y lo que ofrecen es la semiesclavitud.

–¿Puede la ciudadanía ejercer un papel más activo para colaborar con las Empresas de Inserción?

–Mi sueño es que cada uno de nosotros tengamos un imán en nuestra nevera con los productos y servicios de las Empresas de Inserción y que podamos ser responsables en nuestras decisiones cotidianas… Hay dos fruterías en Madrid, hay tiendas de segunda mano, muchas empresas de inserción que ofrecen un gran servicio…. Tenemos que acercar nuestros productos y nuestra apuesta por el empleo al gran público.

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